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martes, 16 de agosto de 2011

Él ciudadano.

Un extraño personaje deambula por las calles, mira una y otra vez para todas partes, se esconde en su retina cada foto que captura de la vida en movimiento. Se parece extraño al verse al espejo y se siente inquieto cuando escucha su propia voz. Monta en transporte público, como si se subiera a un caballo brioso. Esquiva escupitajos, basura, improperios e indiferencia como si fuese un gran torero. La ciudad lo absorbe y lo perturba, se disloca su cordura cuando la detalla desde las montañas, y encuentra, entre una belleza insondable un demonio que duerme bajo una luna siempre cambiante.

El ciudadano quiere a su ciudad. La ama y entiende que de ese amor puede emerger un odio puro y tierno. El ciudadano quiere caminar en una nube soltando notas de agradecimiento a sus colegas. El ciudadano no quiere que esta ciudad cambie, por que de hacerlo, perdería todo aquello que nunca fue.

No vayan a llorar. La ciudadanía no puede ser tan altruista como la que quiere este tipejo que describo arriba, no podemos dejar de sentir odio por las ciudades, y mucho menos dejar de amarlas. Pero el tema no son las ciudades sino los ciudadanos. Esos constructos teóricos de las ciencias sociales que deambulan de aquí hacia allá, buscando su lugar en el mundo.

Me gustaría comenzar por regalarle la siguiente canción a todos los ciudadanos del mundo, para que se la gocen y piensen en la ciudad que los amamanta. 
Momento de las confesiones ciudadanas. Yo también me he hecho el dormido en un bus cuando alguna dama o señora de edad se sube y no le he dado el puesto. Yo también he botado basura a la calle. Yo también he hecho grafitis. Yo también he pasado por debajo de los puentes peatonales. Yo también he dejado de votar por alcalde. Yo también he votado por corruptos y mentirosos. Yo también he invadido el espacio público. Yo también he pasado semáforos en rojo. En fin, Yo también he sido mal ciudadano. Bueno creo que eso lo pudieron deducir por mis confesiones. Ahora, debo decir en mi defensa que he corregido muchos de mis errores ciudadanos. No soy un modelo de ciudadanía ni nada por el estilo, simplemente soy otro pelafustan que quiere hacer las cosas bien. No bien, bien, anti-mal, sino bien.

La construcción de ciudadanía nos exige competencias personales básicas. El respeto (nada puede ser más básico), el honor (prefiero este a la honestidad), el sentido de lo público (que está más allá del sentido común), y por que no la cultura urbana (como un conjunto de prácticas sociales incluyentes). Por favor, la cultura urbana no es ni el grafiti callejero, ni el rap urbano, ni la poesía callejera, ni las  manifestaciones pro-cualquiercosa. No tengo nada contra este tipo de muestras culturales, pero debe entenderse que su praxis está descontextualizada, llevando la idea de la inclusión.

Ahora, como ciudadanos tenemos una responsabilidad que no podemos entregarle a los políticos, alcaldes, ediles, lideres comunales, entre muchos otros. Y esa responsabilidad es la de darle a la ciudad el estatuto que se merece, el de ciudad. No el de botadero de basura, lugar del irrespeto público, ni momento de bajesas comunales. Vieron como quedo el Parque Simón Bolivar después de la apertura del festival de verano? A quién hijueputas le parece que eso es una Bogotá positiva!? cabrones de mierda, hasta donde vivo llegó la puta mugre!. Eso es cultura? eso es inclusión? eso es recreación? eso es sano esparcimiento? manada de gamines (si usted fue a la apertura y no boto ni un papelito, al menos recogió uno?). Todo evento público degenera en cosas como esta y ojo que solo es un pequeñisimo ejemplo. O hablamos de las muestras de ciudadanía posteriores a los partidos de fútbol?.

Calma Juan, calma... bueno. Admitamos nuestros errores como ciudadanos, como seres públicos, comencemos por darle la congruencia a nuestras acciones y omisiones. Dejemos la maricada si?. Las pretensiones de ser intachable se van al mismo caño al que descargo mi inodoro. Nadie es perfecto, somos una manada de bestias sin control, por la simple razón, que creemos que votando y eligiendo a nuestros "representantes" en las esferas públicas descargamos nuestra responsabilidad de ser ciudadanos practicantes. Siempre miramos hacia arriba, y nos preguntamos con cara de idiotas, por qué pasa esto? hasta cuándo van a corregir tal cosa? y cosas por el estilo. Nuestra ciudad es nuestra, y es tan elemental como cuidarnos a nosotros mismos... Momento! yo no me puedo meter en ese baile, yo no me cuido muy bien que digamos, pero bueno me inclino por pensar que cogieron la idea.

Las prohibiciones no siempre constituyen intentos de que algo no suceda. En ocasiones son formas de gobernar su ocurrencia. Les dejo este vídeo que me fascina para que la piensen.


La cuestión no es si somos o no radicales libertarios o mojigatos conservadores. Se trata de no perdernos en una u otra ideología, se trata de no difuminarnos, se trata de conservar con notros el sentido de ése nosotros. Eso es ser público. Conservar en las ciudades ese sentido de nosotros se transforma en una práctica social desde lo personal, algo tan simple que confunde.

Esa esperanza que tengo, esa fe que no he perdido esa extraña sensación que me hace querer esta ciudad es lo que evita que sea irresponsable, civicamente hablando, personalmente soy un desastre.
(siento que no esté disponible con subtitulos... a ver si aprendemos ingles no!)

Debo hablar: Como ciudadano, debo confesar que no confió en los que engañan a sus congéneres con parafernalias rítmicas, con poesía barata que brota de lo más hondo de sus sentimientos, o que componen canciones al amor en lugar de vivirlo, por Dios en que pueden estar pensando? he visto ciudadanos como yo, que deambulan por las calles de mi ciudad intentando sopezar esa incertidumbre que les causan las relaciones humanas, y a mi ciudad, la tratan peor de lo que tratan a quienes dicen querer. Qué ocurre con estas personas? qué son? cómo se atreven a pavonear su miseria por las calles de mi ciudad y embadurnarla con ese pegajoso malestar cultural? en que momento dejaron de ser ciudadanos? o es que acaso nunca lo han sido?... mis amigos, solo puedo recordarles que la ciudadanía no se gana con la cédula, desde el instante en que nacemos somos ciudadanos. 

jueves, 28 de julio de 2011

Bordieu comete mis calzones! la opinión pública si existe.

Negar que la opinión pública existe le arrebata a cada sujeto la oportunidad de cuestionar su integración a la sociedad desde la historicidad como proceso de vinculación.

Esta entrada nace de la lectura en linea de el siguiente blog ( http://entonarruidos.wordpress.com/ ) y su entrada "una opinión no tan pública", de un contacto en twitter @LauLauper. Me ha fascinado encontrar esta entrada gracias a mi cuiriosidad por el pensamiento ajeno. Twitter me dio la oportunidad de acercarme de otra forma a las personas que no conozco. Y ratificar mi pensamiento con respecto a la pluralidad de pensamientos latentes que bordean la cotidianidad y significación de la comunicación. Debo decir entonces que el profundo respeto que tengo sobre aquellos que piensan diferente de mi, es el motor desde el cual construyo mi conocimiento, busco sin cansancio personas que puedan darme algo que pensar diferente a lo que tengo en mi cabeza, pues son quienes me permiten discernir sobre mi camino. (ufff que profundo sonó eso).

La opinión. Una característica intra-intersubjetiva.

La opinión en su definición se entiende como: (diccionario de la real academia de la lengua Española ) dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable. Es decir que es un concepto de valor que se tiene respecto a algo; el grado de posesión de la verdad frente a un conocimiento sin tener plena garantía de su validez. En la formación de la opinión en términos intra-personales o subjetivos se hallan diferentes procesos correlacionados. La memoria, el pensamiento, el lenguaje, el procesamiento de la información, y en mí opinión la más importante, la toma de decisiones. A estos debemos sumarle, la forma de buscar la información de la que se nutre el sujeto, los grupos sociales a los que pertenece, la educación que tiene y la estima que tiene sobre sí mismo. Todos estos procesos operan en las personas a nivel subjetivo para formar la opinión, cualquier opinión, sobre cualquier cosa.

Hasta aquí tenemos que la opinión no es estática, rígida, impuesta, ni consensuada. Los procesos a los que hago mención imposibilitan que esto ocurra. Hasta aquí la opinión, es cambiante, flexible, autodeterminada y aleatoria. Como se relacionan con la opinión pública lo trataré más adelante.

Intersubjetivamente, la opinión, se establece como una representación (cognitiva) funcional para la interacción. Las personas necesitan para interactuar con sus congéneres, representaciones que le faciliten un contacto con un otro (sujeto). Estas representaciones entonces están en función de la socialización. Hablando nos entendemos, hablando nos relacionamos, hablando nos presentamos, hablando decimos quienes somos, hablando mentimos, hablando pasamos de la teoría a la práctica, hablando somos. En la comunicación se encuentran las representaciones funcionales, y por ende la opinión. La subjetividad es también lo intersubjetivo. Lo interpersonal aparece como la oportunidad del espacio al que le dedicamos tiempo para ser subjetivamente.

Hasta aquí tenemos que la opinión interpersonalmente hablando, se constituye en una fuente de interacción social pragmática.

Vamos a hora a leer a Bordieu y su "no existe la opinión pública".

"Toda encuesta de opinión supone que todo el mundo puede tener una opinión; o, en otras palabras, que la producción de una opinión está al alcance de todos. Aun a riesgo de contrariar un sentimiento ingenuamente democrático, pondré en duda este primer postulado. Segundo postulado: se supone que todas las opiniones tienen el mismo peso. Pienso que se puede demostrar que no hay nada de esto y que el hecho de acumular opiniones que no tienen en absoluto la misma fuerza real lleva a producir artefactos desprovistos de sentido. Tercer postulado implícito: en el simple hecho de plantearle la misma pregunta a todo el mundo se halla implicada la hipótesis de que hay un consenso sobre los problemas, entre otras palabras, que hay un acuerdo sobre las preguntas que vale la pena plantear. Estos tres postulados implican, me parece, toda una serie de distorsiones que se observan incluso cuando se cumplen todas las condiciones del rigor metodológico en la recogida y análisis de los datos.”

Bien, es en definitiva una argumentación interesante. Me ha suscitado muchos pensamiento al respecto. El primero, que la sociología se debe estar quedando corta en lo que a diseño de innovación metodológica se trata. El segundo, que la opinión pública como constructo teórico falla en el tránsito de lo teórico a lo práctico. Y el tercero, que reducir la opinión pública al fenómeno del concenso es un atropello a la inteligencia humana.

Cuando opino que se deben estar quedando cortos en diseño de innovación metodológica, hago referencia a las fallas que anota Bordieu. Son fallas de diseño metodológico, pues está hablando de las encuestas de opinión. si como dice "supone que todo el mundo puede tener una opinión" esto nos dice que la posibilidad de que no haya opinión existe, y por lo tanto es deber del investigador controlar y delimitar en dónde está y en dónde no la opinión. Esto se traduce en un error de aplicación en campo, pues supone que a quien se le aplica la encuesta debe formar una opinión sobre lo que se le pregunta, en caso de no tenerla. Aquí el fenómeno de la formación de la opinión discrepa con el tiempo en el que ésta se forma, si tenemos en cuenta los procesos a los que me refería arriba, se entiende que la opinión requiere tiempo y praxis para existir.

Del mismo modo cuando se refiere a que "no todas las opiniones tienen el mismo peso", implica que existe un sesgo en la obtención de resultados. No hay una discriminación del tipo de opinión dentro de la encuesta. Esto es también responsabilidad del investigador (llamemoslo así). Nuevamente la población de la que se obtienen los resultados desborda el objetivo de la investigación (llamemoslafacilismo teórico en este argumento.

"...hay un consenso sobre los problemas... hay un acuerdo sobre lo que vale la pena preguntar..." Nuevamente error de diseño, más error de estrategia metodológica. Por qué no antes de pensar en una encuesta se avalanzan sobre la población con una metodología teóricamente fundada o una etnografía? a ver si este argumento sobre el concenso y lo que vale la pena preguntar aparece nuevamente. Aquí no hay excusa, si el investigador tiene dudas sobre el planteamiento del problema y la justificación del mismo significa que la recolección de antecedentes es vergonzosa.

Ahora bien, con lo que refiere a la opinión pública como constructo teórico debería aclararse que este es una operacionalización de una praxis. Y si esta mal definido, delimitado y caracterizado, los responsables son los sociólogos y de paso los científicos sociales y humanos que no hemos dicho ni mierda al respecto, o bien, para aclarar los errores, para justificarlos, o altruistamente para corregirlos. En los argumentos de Bordieu encuentro cierta esperanza para que estas fallas metodológicas y teóricas se corrijan. Pienso firmemente que cuando respetas a alguien con quien piensas (sea que difieras o no con ella), debes someter a debate sus ideas, pues es la única manera de ver si estas se conservan a lo largo del tiempo y si aun tienen validez.

Encuentro en las ideas de Bordieu una exigencia por deconstruir teórica y metodológicamente lo referente a la opinión pública, pues esto exigiría, que los sujetos como sociedad volvamos a re-pensarnos. Quiero decir entonces que esta deconstrucción podría dejarnos ver con mejores argumentos que la sociedad es una cuestión de todos. Que todos somos públicos pero no como espectadores!, que somos públicos por que nos debemos a todos, nuestros actos y pensamientos y opiniones y decisiones hacen de lo público lo que es hoy. Y lo público tal como esta hoy, nos exige respeto.

Si fuéramos públicos y respetados, muchos de los males de esta puta patria que tanto quiero y la que le doy con una botella en la nuca cada vez que puedo!! desaparecerían....

@LauLauper. Gracias por generarme esta reflexión. A los demás.... sean públicos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tiene o no la razón el cliente en el negocio de la psicología?

Después de un mal "chiste" en facebook de un colega y amigo, en el que decía literalmente: "jejeje la psicología es el único negocio donde el cliente nunca tiene la razón". Comencé a pensar que lo estaba diciendo en serio. Pero después de sus comentarios me di cuenta de que en efecto era un chiste.

Comencé entonces a pensar con seriedad el asunto, naturalmente fuera de facebook. Y entendí entonces que existen 3 puntos determinantes para soltar la carcajada cuando escuchas el chiste:
1. Cómo se entiende la razón?. Qué puto problema! metafísica pura, abstracciones más densas que un agujero negro, un tema en el que ni la filosofía se ha puesto de acuerdo (no es que estén para eso claro).
2. Qué es, en hechos "tener" la razón?...  madre! a que hora me metí en esto. Cómo sé quién y cuando "posee" la razón, "tiene" la razón, es dueño y señor de la cojonuda razón!?.
3. Es la psicología un negocio?. Bueno esta es fácil. Sí. Es un negocio humano, que parte de las necesidades humanas, que busca como todo negocio la satisfacción de su cliente, y que está en competencia con otros negocios.


Comencemos por el principio entonces.

La razón (culturízate con Juan):

Se entiende como la facultad de discutir, el argumento que se da para apoyar un algo, el motivo o la causa de un algo, la virtud para identificar conceptos y su coherencia, que posee el principio de identidad - de no contradicción - y de tercero excluido en un razonamiento. (Que no se diga que jugar al diccionario con la familia no te aporta). Vale, sé que no es una definición sublime, pero para los términos en los que estoy la considero suficiente para la argumentación o razón que desarrollare en esta entrada. Volveremos a la razón más adelante.

Tener la razón:

Poseerla, mantenerla a tu lado, contar con ella, tomarla de la mano mientras ella te coge el culo. Creo que no puedo ser más claro. Tener la razón es caminar con ella, como cuando caminas con tu amante de turno. Mientras tu estas interesado en tomarle la mano para después tíratela, ella esta interesada en cogerte la nalga para después no soltarte la mano. Este acompañamiento mutuo entre el ser y la razón es indisociable, es decir, no puedes separar la razón del sujeto, del ser, del ente o como quieran llamarle. La razón está en el ser. Volveremos a esto más adelante.

La psicología como negocio:

Como mencionaba arriba la psicología si es un negocio, un negocio con humanos. No es que trafiquemos personas ni nada por el estilo. Aquí hay que hacer entonces las aclaraciones del caso. La psicología tiene 5 diferentes aéreas de trabajo. La Clínica, La Educación, La Social - Comunitaria, La Salud y La Organizacional. Y lo que tienen en común es que el trabajo que se desarrolla en cada una de ellas, se realiza con personas, por personas y para personas. Estas aéreas de trabajo están intrínsecamente relacionadas. Ningún psicólogo medianamente inteligente podría disociarlas. Me explico.

En la clínica (área 1), el paciente es tu cliente. Este cliente viene o te lo remiten por cuestiones que tienen que ver con su salud (área 2), si el cliente va por su propia voluntad esta de lujo y en este caso la sociedad es la que lo ha llevado a tu consulta (área 3), pero si llega por remisión, esta remisión se hace por un profesional que trabaja en una institución con políticas claras de atención, y protocolos a seguir, que le dicen que debe ir al psicólogo (área 4), y el área 5 el área educativa, esta en vos que sos el psicólogo. Si no hubieras ido a la U este embrollo no tendría sentido. Aclaro que este es un ejemplo corto y antibobos, que va en contra de mi perspectiva pedagógica pero para los fines del argumento su claridad es útil.

Bueno, ya tenemos los tres elementos dilucidatorios del jodido chiste. La razón, tener la razón, y la psicología como negocio. Con estos elementos puede decirse entonces que; el paciente o el cliente siempre tiene la razón. Por qué?. Por que es tu jodido cliente!. Las leyes de los negocios dicen que tu cliente siempre tiene la razón. Y en ello hay una profundidad macabra. Tu cliente va con trigo por que te necesita, no por que quiere. Necesita algo que tú tienes y que ofreces. Y él, una necesidad a satisfacer. En la psicología como negocio tu cliente no te quiere a ti! quiere tu producto! y pensar que tú (como psicólogo) eres el producto, es vender algo que nadie puede comprar.

Los negocios dictan, que la oferta corresponda con la demanda. Razón por la cual existen 5 aéreas de aplicación de la psicología. Esto significa que el saber psicológico, segmentó su target en 5 grupos diferentes. 5 necesidades diferentes, 5 formas de sujeto diferentes, y exigencias de comprensión diferentes (pero vinculares). En todas ellas, en el común denominador se encuentran; El sujeto y su necesidad.

La razón entonces acompaña al cliente precisamente por que fue la razón lo que lo llevo hasta ti. La virtud para identificar la coherencia de su necesidad es lo que lo puso frente a ti. Tu paciente, tu colegio, tu grupo social, tu organización, o tu grupo de salud, están frente a ti por que de la razón partió la claridad de su necesidad. Y toda puta necesidad es un elemento tanto endógeno como exógeno!. El principio del tercero excluido nos dice que no hay otra razón, para que la razón tenga otro punto de emergencia: o es intrínseco o es extrínseco. Como sea, la razón está con el paciente, sea que este le tome o no de la mano, la razón no le ha de soltar la nalga.

Ahhhh carajo ya sé en que están pensando!. Y las psicopatologías con componentes psicóticos. La pérdida del sentido de realidad. La ausencia de coherencia en la respuesta a la realidad. ajajajajajaj, pues esta es una cuestión en medio de todo simple. Las personas con este tipo de trastornos si tienen de la mano a la razón, lo que pasa es que la razón que tienen de la mano y a ellos les tiene de la nalga habla otro idioma. No existe ningún estudio que diga que las personas con algún trastorno mental no poseen la capacidad de razonar, la virtud de discutir, la motivación para hacer algo, la habilidad para asignar sentido a las cosas. Lo que ocurre es que lo hacen con parámetros de identidad - no contradicción y tercero excluido diferentes. Y tu responsabilidad como psicólogo es convertirte en poliglota si tu paciente así lo exige!.

Llegamos entonces a la discusión tan mamona de los enfoques de la psicología. Por el respeto que me merecen, aunque nunca se lo hayan ganado, a los sistémicos los dejo fuera de este baile por default (pues no son un enfoque de la psicología aunque les duela). A los humanistas, ni me les acerco, a estos los respeto en serio por que son la base de mí argumento, un pensamiento epistemológicamente humanista. A los cognitivos mi venia. Sus pruebas y experimentos demuestran que la toma de decisión es un proceso psicológico fascinante que no puede desligarse de ningún ser humano, y en medio de su definición, caracterización y establecimiento de variables se encuentra a la razón como un pilar necesario para este proceso.

A los psicoanalistas, que es a quienes normalmente se asocia con el chiste que dio inicio a esta entrada, su reivindicación ajajajajajajaj. Ninguna persona que medianamente sepa algo de psicoanálisis se atrevería a dudar de que el paciente siempre tiene la razón. Lo que ocurre es que el proceso de cura en el psicoanálisis exige un proceso deconstructivista y creacionista. Y en este primer proceso se hace sentir al paciente que nunca ha tenido la razón en nada de lo que ha hecho con su vida. Para después poder crear con el paciente una razón tan fuerte y flexible que le permita encarar las vicisitudes futuras con SU razón. Aquí, es cuando el paciente se da cuenta de que las reflexiones más fueres, los cambios de mentalidad más bruscos, y los actos más radicales de tu vida, no son los que se dan en la consulta. Son los que se dan, cuando sales de allí.

Así es como yo lo entiendo. Y entonces, cuando así lo hago, veo que cuando soy el psicólogo. Estoy tratando con personas con razones suficientes para crear una necesidad. Con razones para pedir ayuda. Con razones para llevar a alguien a la fuerza ante ti. Con razones para estar frente a ti. Y es entonces cuando entiendo que como psicólogo no soy lo que el paciente quiere, soy lo que necesita.

sábado, 25 de junio de 2011

Viernes cultural. Las competencia sociales enescena.

Oh viernes! Amoroso fin de semana. Por fin dejamos lo que sea que hagamos, hoy termina. Se cambia la perspectiva mental de ver lo que vemos todos los días.

De repente montarse al bus o transmilenio no es tan alienante, de pronto se percibe como hoy -a diferencia del resto de la semana- la gente que se sube al bus ahora te miran como una persona y no como aquel infeliz que se ha subido antes que ellas a quitarles el puesto, el infeliz que no deja entrar por estar parado en la puerta o todo ese tipo de cosas... Hoy es viernes, es el día en que te ofreces a llevar bolsos y maletas no solo por educación y evitar un ojo morado o una mandíbula fracturada por el golpe de alguno de éstos cuando frena el bus. Este ofrecimiento implica un cambio mental, una iniciativa por un contacto social diferente, un querer desconectarse de lo que nos toca todos los días.

Es viernes, buscas en el celular los números que por causa de la tecnología no consigues memorizar aunque sean de una persona importante. Marcas queriendo una respuesta afirmativa a la cotizada pregunta "qué vamos a hacer hoy? o qué hay para hacer? o por qué no, vamos a salir?". Este viernes cultural quieres hacerte el estúpido con los problemas por un momento, aunque entiendes que no se irán y que mañana con la resaca volverán. Pero volverán en un tiempo y espacio en el que estarás dispuesto a ponerle la cara, pero hoy no, no el viernes, no en la noche, y no con aquellos con quienes conocidos o no, te entregaras a la risa, al comentario, al chascarrillo, al entretenimiento en sus diversificadas modalidades culturales.

Y es que desde la mañana la actitud es diferente. Te tomas el desayuno sabiendo que es la comida mas importante del día por que es la que te permitirá iniciar con fuerzas ese día. Almorzarás sabiendo que esa energía necesitas mantenerla para terminar la semana. Tomaras merienda para que lo que sea que te tomes en la noche no te surta efecto tan rápido. Y para que cuando finalizado el día de trabajo o durante el mismo, al tomar el teléfono para concretar la salida sociopedagógica, sentir que estás en completas facultades para encarar lo que sea que salga. El plan o la improvisación, muchas cosas pueden pasar.

Por ejemplo puedes pasar de estar en casa comiéndote una sabrosa torta con leche, a montarte en un bus, en medio de un trancón espeluznante sintiendo que nunca llegaras al lugar en el que has quedado con tu amig@; ves por la ventana la forma inclemente en que la lluvia azota y poco deja ver, recuerdas que no cargas sombrilla, y aunque normalmente eso sería suficiente para disuadirte de salir a hacer algo, hoy no, hoy es viernes. Te bajas del bus, corres a la acera intentando no mojarte y cuando paras en la acera finalmente pasa un carro, pisa un charco y lo que no hizo la lluvia lo hizo aquel hijo de puta; pero no es motivo de molestia, hoy no, hoy es algo que contar y de lo cual reírte con quien has de pasar la noche. Recuerdas entonces que no recuerdas exactamente el lugar en el que se tomaron la cerveza la última vez y es necesario llamarle para que te oriente... por ejemplo...

Una vez estas con el/ella, el saludo de cortesía. Las preguntas de actualización. Y se retoma el qué vamos a hacer?. Se acuerda una cerveza "para el frió". El primer lugar bastante acogedor, una charla amena para calentar las áreas cerebrales del lenguaje y que la cerveza no estropee tu discurso chicharachero. Salta entonces la propuesta de ver un partido de fútbol. Sí! un partido de fútbol el viernes en la noche y lloviendo. Ahh pero no es por televisión, es en directo!, pero no en un estadio. En la cancha de microfútbol, a ver jugar a los de la empresa de quien te acompaña. No importa que no gustes del fútbol, hoy no se dice que no, tus competencias sociales, la lectura contextual te dicen que el no, no es una opción. Y entonces dices que sí. Y vas, y te ríes viendo jugar en la lluvia y recuerdas cuando jugabas tú. Y preguntas "a quien hay que hacerle barra?", vayan ganando o no. Y entonces ese viernes cultural con tus competencias sociales en escena, disfrutas de ese cotidiano momento. Pues aunque es definitivamente algo atípico, es tu cotidianidad momentánea, tu segundo de vida y el tiempo de la significancia explicita.

Termina el partido, y se cambia el escenario. Un nuevo lugar, para la segunda cerveza. Un nuevo ambiente y por lo tanto una nueva lectura contextual. Pero como decíamos antes, hay cosas que no puedes controlar. Y en este segundo lugar aunque el ambiente da para otras cosas, comienza a tejerse una conversación significativa, un tanto profunda para la salsa de fondo, el baile de los asistentes en el cual no participas, y el volumen de la música que te fuerza a hablar durísimo sacandote gallos de vez en cuando al intentar entonar tus palabras. Las competencias sociales entonces te dirigen hacia la concentración necesaria para aislar acústicamente los sonidos, visualmente los bailes distractores, y a mantener caliente las áreas comprometidas en la comunicación para no ser el pelmazo que cambia el tema de la conversación por que se ha perdido.

Pasan entonces las cervezas una tras otra, las respectivas idas al baño a darle descanso al cuerpo y alivio a la mente que se sobrecarga por mantener la vejiga controlada al mismo tiempo que piensa. Y la charla se hace amena, encuentras en ese contacto con la persona-s que departe-n contigo un canal catártico y excitante. Los procesos reflexivos y analíticos se integran a la conversación, las emociones estancadas hasta el jueves encuentran su punto de escape, y te vuelves competente comunicativamente ese viernes cultural.

Pero el cuerpo siempre pide más. Y en ese momento el olor del pollo a la broaster y el antojo de empanada, sumado al hambre que da la cerveza. Te sacan del segundo lugar y te mandan a un nuevo terreno. Al de las comidas típicas. Y que puede haber mas típico que comer pollo a las 10 de la noche, en una pollería (no peruana) donde te dicen que solo tienen pollo para llevar por que ya van a cerrar!? pues más típico es irte a comer el pollo que has comprado por el antojo, al local donde venden las empanadas!. Y naturalmente comprarte las empanadas con gaseosa para justificar la silla en la que degustarás el pollito. Si eso no es ser cotidiano y significativo en esta bella patria colombiana, no se que lo sea.

Las competencias sociales son entonces aquellas habilidades sociocognitivas que te permiten encarar con eficacia, efectividad y una jodida autenticidad las diferentes vicisitudes en las que puedas encontrarte cuando tienes ganas de salir un viernes. Estas competencias sociales son un requisito de los procesos de enculturación, pues son su génesis. Son la cultura misma a la que pertenecemos.

Pero no es viernes todos los días,

A Mireya y Marcela.