Los lugares que visitamos son en definitiva una pequeña parte de lo que es el mundo, diferente a lo que muchos creen, nuestro bello planeta no es un pañuelo aunque muchos se suenen los mocos con el. Verán, lo grande o pequeño de un lugar no radica en si nos encontramos o no con alguien, sino en cambio, si en ese lugar los significados y memorias que vienen a nosotros trascienden espacio y tiempo para evocar en un presente (en ocasiones absurdo) algo que fue, es o será.
Comienza la tarde después del almuerzo, paseo por la casa haciendo tiempo antes de ir a recoger el vestido de una fiesta para una prima. Me desplazo en el bus, llego al lugar y soy recibido con un cálido "deme cinco minutos, no me demoro con el vestido"; pues bien, se demoro una hora. Luego de tan odiosa espera, regresé a la casa, cogí mí maleta y nuevamente pá la calle. Nuevamente abordo de un bus me dirigí a mi destino: Colferias y la feria de Europosgrados. Ahí comenzó todo.
Entramos, y de una para el pabellón donde están los stand. Comenzamos por Inglaterra, diferentes universidades, diferentes ofertas de estudio, diferentes precios, ninguno menor a diez mil libras esterlinas (haga cuentas), pasamos a Holanda, igual, a Francia le hicimos el quite, llegamos a Alemania y bueno, lo que ya sabíamos, otra forma de ver la educación, para mí gusto tal vez la mejor forma de concebirla. Legamos a España, un poco más diversa casi no preguntamos pues las dudas eran puntuales, terminamos y nos preguntamos si, eso era todo?. Pues si así fue. Corto, repartiendo volantes a diestra y siniestra, atención dificultada por la cantidad de asistentes, el reducido espacio, algunas barreras lingüísticas, y el tiempo apremiante de muchos para preguntar en todo lado posible. Salimos del pabellón y camino a la salida fuimos tentados por las yeguas de paso fino, desviamos nuestro rumbo y nos pasamos a la feria de al lado, algo equino -la verdad ni cuenta me dí-, luego vimos más al fondo otra feria, y ante la curiosidad y el despache nos dirigimos allá.
Un montón de fierros, maquinas, retroescavadoras, cosas que no sé como se llaman pero son de construcción o minería -conclusión a la que llegué mucho después de verlas-, el primer pabellón, del mismo tamaño de la feria de Europosgrados. Como no vimos mucho que nos llamara la atención pues salimos y al encontrarnos con optimus prime -un camión gigante- nos dirigimos al segundo pabellón de tan extraña feria. Que sorpresa la que nos llevamos.
Lo primero que vi al entrar no fue un cartel o aviso anunciando el tema de la feria -o tal vez si lo había, pero no lo vi- no, fue un despampanante y exquisito par de piernas, si si así de básico, instintivo y hasta tan repulsivo como suena. Una señorita de no más de 1.65mts, trigueña, cabello negro largo, y un cuerpo espectacularmente operado, se alejaba de mí de una forma que difícilmente olvidaré los próximos 15 días. Voltee la mirada y otra señorita igual de despampanante estaba ofreciendo información del stand en el que se encontraba - no pude quitar la mirada de su busto, su rostro, sus piernas y sus nalgas, razón por la cual no tengo idea de que carajo era la información que estaba entregando- si usted es hombre y está leyendo esto no sea tan imbécil de juzgarme o ponerme etiqueta de ningún tipo, usted no estuvo ahí ni vio lo que yo vi, así que guárdese su mojigatería, si es mujer, mis más sinceras disculpas pero era expresarlo tal como lo viví o encubrirlo con alguna estupidez. Como les contaba, después de la tercera mamasita que vi, sabía q esto no era normal, algo estaba pasando y por andar viendo piernas, pechos, nalgas, cinturas, rostros y formas de caminar estaba pasando por alto la temática de aquello que reunía a tan impresionantes mujeres - Ay si, tan ñoño-. Pues bien, luego de ojear diferentes lugares de exposición -y a sus respectivas niñas de protocolo- lo entendí, hidrocarburos.
Así es, hidrocarburos, ponencia!, energía!, contaminación!,plata! mucha plata!. Si ponemos atención a lo que ocurrió en ésta feria nos daremos cuenta como funciona de bien la publicidad instintiva, si nos concentramos entenderemos como funciona el mercadeo, si lo analizamos entenderemos como funciona la avaricia y definitvamente si no podemos con ninguno de estos tres procesos nos dedicamos al negocio de los hidrocarburos; claro está, si tiene la plata, o las tierras, o a los matones, el estudio es opcional.
Entre tanta niña de protocolo, poco a poco me di cuenta lo potente que es el marketing y la publicidad, el negocio como tal pasa a un segundo plano, en mi caso creo que pasa a un tercero o cuarto no estoy en el medio, no tengo ningún conocimiento al respecto, y no me interesa mucho. Es algo extraño cuando el propósito de la economía se basa en la compara y venta de productos o servicios, la publicidad y el marketing más que productos o servicios se vuelven fines en sí mismos y el propósito de la economía es entonces la dinámica simbólica del productor del deseo; no del deseo en sí mismo, sino de aquello que lo enfoca. El producto entonces juega un papel secundario en el momento del intercambio económico, el productor del deseo se convierte en el ancla del producto y estimula el deseo del otro por él.
Dicho esto, debo confesar que me atropello la idea de dejar la psicología y dedicarme a los hidrocarburos, o a la publicidad o a los negocios o al marketing o a alguna otra cosa que envuelva tres fuentes de deseo como las que vi mezcladas en la feria, las mujeres despampanantes -pasadas de ricas, en el sentido más sexual que se puedan imaginar-, el dinero en bruto y en cantidades industriales, y la destrucción de todo sentido que vale la pena preservar con nobleza.
De está feria entendí el proceso que hace que el petroleo pasea a sus derivados y de estos a habitar el cuerpo de las mujeres. El proceso de hacerle ver a las personas que una cosa es el conocimiento, una la producción de dinero, y otra la vida que elegimos vivir.
Un blog sobre la enmarañada, exótica y caótica cotidianidad que nos envuelve y nos despista. Un intento poco pulido de sacarme de la cabeza pensamientos y sentimientos sobre cualquier cosa.
viernes, 25 de noviembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
La carta que nunca recibirás.
No te estoy escribiendo a ti, aunque me gustaría, la sensatez que aprendí la dejo de lado y simplemente me entrego a escribir lo que no dije.
En primer lugar debo decir en honor a la verdad que no sé que es lo que siento en este momento, por ello, esta carta que jamás recibirás carece de cualquier sentido. Dicho esto, puedo decir que la ausencia de claridad con respecto a mis sentimientos no son cosa de todos los días, como bien sabrás soy una persona emocionalmente distraída y poco atenta. Éste defecto a decir verdad me fascina; no imagino mi vida con la intensidad de una emoción permanente, creo que se volvería aburrido, dejaría de interesarme más rápido de lo que incluso yo mismo alcanzo a imaginar pues no habría lugar a la sorpresa y eso era algo que realmente disfrutaba. Las cosas pequeñas, mínimas imperceptibles y furtivas eso es lo que me sorprende, no el impacto de algo que te abre la boca de par en par, eso muere con una facilidad absurda, eso no es para mí.
Pasando entonces de las sorpresas, nunca dije que amo construir desde la diferencia, no como complementariedad, sino en cambio como negociación, una habilidad que nunca podré aplicar contigo aunque sea realmente bueno en dicho arte. Verás, la negociación exige una acción reciproca con un horizonte y eso es algo de lo que carezco, como sabes, querer muchas cosas como quiero yo tantas y tantas, al juntarlas no constituyen un horizonte, simplemente constituyen un montón de deseos muchos de ellos tan estúpidos que solo podrían ocurrirseme a mí, de modo que al entrar en contacto con tu horizonte, claro y definido como me lo has mostrado, se anulan mutuamente a menos claro que la negociación aparezca, pero como dije antes, al ser yo tan incompetente para negociar contigo ese final era inevitable. No pudiste poner en marcha conmigo el potencial propositivo que tienes pero aprendiste a utilizarlo, así como aprendiste antes con otros y no conmigo a pensar para sentir y expresarte.
Pues bien pasada la negociación que nunca tuvimos es hora de escribirte sobre el porque te decía que no tan seguido. Mis negativas nunca estuvieron dirigidas hacia ti y eso lo sabes, siempre estuvieron dirigidas hacia tus círculos de sentido más cercanos, mi incompetencia social me lleva a entrar en fricción con cualquier circulo de sentido diferente al mio, por eso vivo de roce en roce con todo el mundo, y esto me lleva a requerir de mucho tiempo a la hora de tener que adaptarme cosa para la que nunca he sido bueno y que de hecho nunca me ha interesado. Sé con claridad que las negativas de sentido y la confrontación entre ellas requieren tacto, cosa que sé aplicar cuando algo no me interesa, razón por la cual la mayoría de las veces soy tan diplomático, cosa que contigo fui pocas veces y esas pocas veces fue más por autopreservación que por otra cosa.
Cierro ahora el libro, y de él conservo únicamente impresiones y momentos pequeños que así como esas sorpresas que me fascinan se mantienen en mi mente como una razón para volver a intentar tejer eso que teníamos, me siento con la curiosidad de probar negociar con "otras" para entregarle el inevitable final a un "después", y me reto a mí mismo a dejar de ponerle trabas a algo que es tan sencillo como leer esta carta que nunca recibirás.
Ahora, quiero leer otra vez, sé que tengo una forma particular de hacerlo, voy a buscar entre los libros viejos de la casa esa "otra" para redactar nuevamente a su autor o autora una carta que como ésta jamás recibirán.
En primer lugar debo decir en honor a la verdad que no sé que es lo que siento en este momento, por ello, esta carta que jamás recibirás carece de cualquier sentido. Dicho esto, puedo decir que la ausencia de claridad con respecto a mis sentimientos no son cosa de todos los días, como bien sabrás soy una persona emocionalmente distraída y poco atenta. Éste defecto a decir verdad me fascina; no imagino mi vida con la intensidad de una emoción permanente, creo que se volvería aburrido, dejaría de interesarme más rápido de lo que incluso yo mismo alcanzo a imaginar pues no habría lugar a la sorpresa y eso era algo que realmente disfrutaba. Las cosas pequeñas, mínimas imperceptibles y furtivas eso es lo que me sorprende, no el impacto de algo que te abre la boca de par en par, eso muere con una facilidad absurda, eso no es para mí.
Pasando entonces de las sorpresas, nunca dije que amo construir desde la diferencia, no como complementariedad, sino en cambio como negociación, una habilidad que nunca podré aplicar contigo aunque sea realmente bueno en dicho arte. Verás, la negociación exige una acción reciproca con un horizonte y eso es algo de lo que carezco, como sabes, querer muchas cosas como quiero yo tantas y tantas, al juntarlas no constituyen un horizonte, simplemente constituyen un montón de deseos muchos de ellos tan estúpidos que solo podrían ocurrirseme a mí, de modo que al entrar en contacto con tu horizonte, claro y definido como me lo has mostrado, se anulan mutuamente a menos claro que la negociación aparezca, pero como dije antes, al ser yo tan incompetente para negociar contigo ese final era inevitable. No pudiste poner en marcha conmigo el potencial propositivo que tienes pero aprendiste a utilizarlo, así como aprendiste antes con otros y no conmigo a pensar para sentir y expresarte.
Pues bien pasada la negociación que nunca tuvimos es hora de escribirte sobre el porque te decía que no tan seguido. Mis negativas nunca estuvieron dirigidas hacia ti y eso lo sabes, siempre estuvieron dirigidas hacia tus círculos de sentido más cercanos, mi incompetencia social me lleva a entrar en fricción con cualquier circulo de sentido diferente al mio, por eso vivo de roce en roce con todo el mundo, y esto me lleva a requerir de mucho tiempo a la hora de tener que adaptarme cosa para la que nunca he sido bueno y que de hecho nunca me ha interesado. Sé con claridad que las negativas de sentido y la confrontación entre ellas requieren tacto, cosa que sé aplicar cuando algo no me interesa, razón por la cual la mayoría de las veces soy tan diplomático, cosa que contigo fui pocas veces y esas pocas veces fue más por autopreservación que por otra cosa.
Cierro ahora el libro, y de él conservo únicamente impresiones y momentos pequeños que así como esas sorpresas que me fascinan se mantienen en mi mente como una razón para volver a intentar tejer eso que teníamos, me siento con la curiosidad de probar negociar con "otras" para entregarle el inevitable final a un "después", y me reto a mí mismo a dejar de ponerle trabas a algo que es tan sencillo como leer esta carta que nunca recibirás.
Ahora, quiero leer otra vez, sé que tengo una forma particular de hacerlo, voy a buscar entre los libros viejos de la casa esa "otra" para redactar nuevamente a su autor o autora una carta que como ésta jamás recibirán.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Me hago responsable por lo que escribo, no por lo que usted entienda.
Si escribo que tengo ganas de comer chocolate, es porque es de eso LITERALMENTE de lo que tengo ganas; de comer chocolate, no de darte un chocolate y besar tus labios, no de sentir la febril sensación del azúcar en mi cuerpo y recordar lo dulce que eras, NO!. Quiero chocolate cuál es el maldito problema con entender las cosas tal como las escribo?.
Estoy puteado, sí, me molesta de sobremanera que las personas se las den de psicoanalistas intentando descifrar los mensajes ocultos de las cosas que escribo. De manera que les voy a desglosar lo más sencillamente que pueda la razón por la cual, cada vez que alguien intenta "descifrar" un código escondido en mi lenguaje escrito queda como un perfecto imbécil.
Literalidad:
En primer lugar, en lo que a la escritura refiere, soy una persona muy literal, significa que si digo "si" es si, no es un tal vez, ni un depronto, ni un puede ser, es SI!. De la misma manera que si digo "no" es no, no es un si enmascarado, no es un "esfuérzate más" camuflado, no es un "dame razones para decir que si" no, es NO!. Creo que no puedo ser más claro al respecto, cuando me refiero a que soy literal cuando escribo, me refiero a que el significado de la palabra se corresponde con el sentido con el que la emito, si estoy hablando con usted (en un chat o red social) sobre cualquier cosa, no le busque peros a lo que escribo, me refiero justamente a lo que digo, ni más ni menos, si usted se imagina que quiero decir algo más, no me hago responsable por ello, son sus conclusiones no las mías.
Contextos:
En segundo lugar, en lo que a la escritura se refiere, la considero un instrumento relativamente poco desarrollado para la transmisión de mensajes mucho más elaborados que desborden los significados tácitos y explícitos de la palabra. Si usted coge un diccionario y busca palabra por palabra lo que llevo escrito hasta ahora, encontrará que algunas de las palabras utilizadas puede tener diferentes significados, sin embargo el contexto en el que se circunscriben orientan el significado por el cual se opta. Dicho esto debe tenerse en cuenta un segundo nivel de contextualidad; siendo el primero el contexto del orden de las palabras y la articulación de las mismas en frases y de estas en enunciados, y, siendo el segundo el ambiente en el que se lee, aquí debe diferenciarse de un ambiente unidireccional a un ambiente reciproco y dinámico.
Los ambientes unidireccionales de lectura se refieren a los escritos en donde el lector solo puede acceder al sentido de lo leído LEYENDO!, es decir, no puede hacer preguntas al autor, no puede interpelar un argumento y encontrar respuesta EN LAS MISMAS PALABRAS DE LAS QUE EMERGIÓ LA INTERPELACIÓN; (si cree que puede hacer esto lo felicito, su capacidad para hablar con usted mismo es más potente de lo que incluso usted mismo cree). Estos ambientes unidireccionales sin embargo tienen la facultad de permitir un desglose mayor en cuanto a lo que se refiere a la idea de la que se trata el escrito. Los libros, artículos, bloggs, correos electrónicos o notas al detalle son ejemplos de ambientes unidireccionales de escritura.
Los ambientes recíprocos y dinámicos de lectura se refieren a los escritos donde el lector no solo puede acceder al sentido de lo leído leyendo sino también PARTICIPANDO por medio de su escritura en un dialogo con los significantes del otro, y una hermenéutica de los significados. Es decir, el dialogo que se sostiene se basa en la literalidad del SIGNIFICANTE y el flujo de SIGNIFICADOS que se construye sobre los primeros; (si cree que las cosas que lee de otra persona significan lo que usted QUIERE que signifiquen, lo felicito está cada vez más cercano a un episodio psicótico, y su masturbación mental necesita un descanso). Estos ambientes dinámicos sin embargo potencian la necesidad de claridad del uso de la palabra, y si uno de los que interviene en el dialogo evita por intención o incompetencia esta claridad la consecuencia es obvia. Si usted se imagina que mis palabras en cualquiera de estos contextos se refieren a usted sin que yo lo haya mencionado, es problema suyo, esa es una conclusión suya, no mía.
El lugar del sentido:
En tercer lugar, el lugar del sentido de mis palabras escritas recoge los dos primeros puntos aquí tratados, tanto mi literalidad en la escritura como los contextos en los que las escribo otorgan ese sentido en el que dialogamos (si alguna vez me ha leído). De esta manera el lugar del sentido está correlacionado con una intención clara de comunicar algo, un lugar para hacerlo, una forma de intentarlo y un sentido que articule los anteriores. Así el sentido de mis palabras escritas emerge, se socializa, se confunde o se entiende por muchas personas; muchas de ellas por una constante maña a interpretar y confundir su intelección con mi intención y sentido evitan el rasgo más fascinante de inteligencia humana, la pregunta. Si no entiende algo, solo tiene que hacer una cosa, PREGUNTE vida hijueputa!. Esa es la única manera de respetar a otra persona cuando se la está leyendo, preguntando si lo que se ha entendido es o no correcto, de otra manera su usurpación sobre lo que otra persona escribe es una muestra morbosa y pecaminosa de demostrar que su estupidez está por encima de su sentido común. Si usted se imagina que mis palabras tienen un sentido sobre el cual no he escrito palabra alguna, nuevamente es problema suyo, sus conclusiones, su pensamiento, su interpretación y su imbecilidad, no me tache a mí de idiota.
Pues bien, es así como me hago responsable por lo que escribo, y no por lo que usted entienda de lo que escribo. Me hago responsable de los sentidos de mis palabras, de mi literalidad, y mis intenciones claras, me hago responsable de lo que quiero decir no de lo que de ello se entiende. Así es como escribo y aquí entre nos es así como leo.
Estoy puteado, sí, me molesta de sobremanera que las personas se las den de psicoanalistas intentando descifrar los mensajes ocultos de las cosas que escribo. De manera que les voy a desglosar lo más sencillamente que pueda la razón por la cual, cada vez que alguien intenta "descifrar" un código escondido en mi lenguaje escrito queda como un perfecto imbécil.
Literalidad:
En primer lugar, en lo que a la escritura refiere, soy una persona muy literal, significa que si digo "si" es si, no es un tal vez, ni un depronto, ni un puede ser, es SI!. De la misma manera que si digo "no" es no, no es un si enmascarado, no es un "esfuérzate más" camuflado, no es un "dame razones para decir que si" no, es NO!. Creo que no puedo ser más claro al respecto, cuando me refiero a que soy literal cuando escribo, me refiero a que el significado de la palabra se corresponde con el sentido con el que la emito, si estoy hablando con usted (en un chat o red social) sobre cualquier cosa, no le busque peros a lo que escribo, me refiero justamente a lo que digo, ni más ni menos, si usted se imagina que quiero decir algo más, no me hago responsable por ello, son sus conclusiones no las mías.
Contextos:
En segundo lugar, en lo que a la escritura se refiere, la considero un instrumento relativamente poco desarrollado para la transmisión de mensajes mucho más elaborados que desborden los significados tácitos y explícitos de la palabra. Si usted coge un diccionario y busca palabra por palabra lo que llevo escrito hasta ahora, encontrará que algunas de las palabras utilizadas puede tener diferentes significados, sin embargo el contexto en el que se circunscriben orientan el significado por el cual se opta. Dicho esto debe tenerse en cuenta un segundo nivel de contextualidad; siendo el primero el contexto del orden de las palabras y la articulación de las mismas en frases y de estas en enunciados, y, siendo el segundo el ambiente en el que se lee, aquí debe diferenciarse de un ambiente unidireccional a un ambiente reciproco y dinámico.
Los ambientes unidireccionales de lectura se refieren a los escritos en donde el lector solo puede acceder al sentido de lo leído LEYENDO!, es decir, no puede hacer preguntas al autor, no puede interpelar un argumento y encontrar respuesta EN LAS MISMAS PALABRAS DE LAS QUE EMERGIÓ LA INTERPELACIÓN; (si cree que puede hacer esto lo felicito, su capacidad para hablar con usted mismo es más potente de lo que incluso usted mismo cree). Estos ambientes unidireccionales sin embargo tienen la facultad de permitir un desglose mayor en cuanto a lo que se refiere a la idea de la que se trata el escrito. Los libros, artículos, bloggs, correos electrónicos o notas al detalle son ejemplos de ambientes unidireccionales de escritura.
Los ambientes recíprocos y dinámicos de lectura se refieren a los escritos donde el lector no solo puede acceder al sentido de lo leído leyendo sino también PARTICIPANDO por medio de su escritura en un dialogo con los significantes del otro, y una hermenéutica de los significados. Es decir, el dialogo que se sostiene se basa en la literalidad del SIGNIFICANTE y el flujo de SIGNIFICADOS que se construye sobre los primeros; (si cree que las cosas que lee de otra persona significan lo que usted QUIERE que signifiquen, lo felicito está cada vez más cercano a un episodio psicótico, y su masturbación mental necesita un descanso). Estos ambientes dinámicos sin embargo potencian la necesidad de claridad del uso de la palabra, y si uno de los que interviene en el dialogo evita por intención o incompetencia esta claridad la consecuencia es obvia. Si usted se imagina que mis palabras en cualquiera de estos contextos se refieren a usted sin que yo lo haya mencionado, es problema suyo, esa es una conclusión suya, no mía.
El lugar del sentido:
En tercer lugar, el lugar del sentido de mis palabras escritas recoge los dos primeros puntos aquí tratados, tanto mi literalidad en la escritura como los contextos en los que las escribo otorgan ese sentido en el que dialogamos (si alguna vez me ha leído). De esta manera el lugar del sentido está correlacionado con una intención clara de comunicar algo, un lugar para hacerlo, una forma de intentarlo y un sentido que articule los anteriores. Así el sentido de mis palabras escritas emerge, se socializa, se confunde o se entiende por muchas personas; muchas de ellas por una constante maña a interpretar y confundir su intelección con mi intención y sentido evitan el rasgo más fascinante de inteligencia humana, la pregunta. Si no entiende algo, solo tiene que hacer una cosa, PREGUNTE vida hijueputa!. Esa es la única manera de respetar a otra persona cuando se la está leyendo, preguntando si lo que se ha entendido es o no correcto, de otra manera su usurpación sobre lo que otra persona escribe es una muestra morbosa y pecaminosa de demostrar que su estupidez está por encima de su sentido común. Si usted se imagina que mis palabras tienen un sentido sobre el cual no he escrito palabra alguna, nuevamente es problema suyo, sus conclusiones, su pensamiento, su interpretación y su imbecilidad, no me tache a mí de idiota.
Pues bien, es así como me hago responsable por lo que escribo, y no por lo que usted entienda de lo que escribo. Me hago responsable de los sentidos de mis palabras, de mi literalidad, y mis intenciones claras, me hago responsable de lo que quiero decir no de lo que de ello se entiende. Así es como escribo y aquí entre nos es así como leo.
domingo, 30 de octubre de 2011
De la menor importancia.
Nuevamente frente a la hoja electrónica en blanco, me dispongo a dejarme llevar por las letras a las que no les hallo en ocasiones el sentido que pretenden, pero tampoco, el que quiero darles.
Dejo que los dedos se deslicen sutilmente por entre las ruidosas teclas que a ésta hora no hacen más que retumbar en el silencio que atrapa mi cuarto, dejando que el espacio se llene con algo más que el humo de mi cigarrillo. Da vueltas en mi cabeza un aroma a oleo fresco y aguarrás, a mi izquierda un intento por desarmar las resistencias de mi intelecto y frente a mí la luz que se oscurece ante la emergencia de pensamientos que aun sin ser claros divagan en un espacio que me da la oportunidad de equivocarme cuantas veces quiera.
Hay tantos objetos circundándome que me horroriza el hecho de saber que todos están en el lugar que yo quiero. Ninguno con la voluntad de esconderse de mi. Todos están inmóviles a menos que yo quiera otra cosa, serviciales y prestos a cumplir su función, todos necesitan solo una cosa, mi voluntad. Se me ocurre entonces que todo funciona así; bajo las leyes de la voluntad, de alguien, no yo o usted, o puede que si. Como voluntades en dialogo las cosas funcionan y por cosas también me refiero a usted o a mí, que sin verlo muchas veces no somos más que un objeto en el sentido más material que existe, pero gracias a la alucinación de lo social muchas veces acobijamos la idea de que no necesitamos otra voluntad para funcionar.
Paso entonces a sentirme un objeto de su voluntad, sí, de la suya, de usted que me lee por la razón que sea. Su voluntad me tiene aquí sentado como un imbécil fumando, succionándome algunas palabras, rascándome los ojos del cansancio y con unas ganas enormes de tomarme un vaso de leche. Seguramente usted no se siente culpable porque yo esté en estas, pero debería, mucha gente se hace la estúpida jurando que es enteramente autónoma y libre, sin entender que todo aquello que hacemos tiene una función para otros, sea o no el sentido de dicho acto el fin por el cual fue ejecutado, si me entiende verdad?.
Pues bien, dicho esto, hago una pausa apago mi cigarrillo y voy por mi vaso de leche, me gustaría encontrar algo para acompañarlo pero como imaginan ya les contaré si lo he encontrado. Ya regreso. Pues bien, no solo estoy tomando leche sino que le he puesto Milo, encontré un chesscake de limón y un trozo de mantecada, ya me los comí y me siento satisfecho. Así que para terminar la entrada, digamos que sencillamente ambos nos hemos beneficiado de la funcionalidad de la cosa, usted, yo, el internet e incluso el tiempo que se ha invertido por todas las partes que han hecho esto posible. No lo olvide.
Dejo que los dedos se deslicen sutilmente por entre las ruidosas teclas que a ésta hora no hacen más que retumbar en el silencio que atrapa mi cuarto, dejando que el espacio se llene con algo más que el humo de mi cigarrillo. Da vueltas en mi cabeza un aroma a oleo fresco y aguarrás, a mi izquierda un intento por desarmar las resistencias de mi intelecto y frente a mí la luz que se oscurece ante la emergencia de pensamientos que aun sin ser claros divagan en un espacio que me da la oportunidad de equivocarme cuantas veces quiera.
Hay tantos objetos circundándome que me horroriza el hecho de saber que todos están en el lugar que yo quiero. Ninguno con la voluntad de esconderse de mi. Todos están inmóviles a menos que yo quiera otra cosa, serviciales y prestos a cumplir su función, todos necesitan solo una cosa, mi voluntad. Se me ocurre entonces que todo funciona así; bajo las leyes de la voluntad, de alguien, no yo o usted, o puede que si. Como voluntades en dialogo las cosas funcionan y por cosas también me refiero a usted o a mí, que sin verlo muchas veces no somos más que un objeto en el sentido más material que existe, pero gracias a la alucinación de lo social muchas veces acobijamos la idea de que no necesitamos otra voluntad para funcionar.
Paso entonces a sentirme un objeto de su voluntad, sí, de la suya, de usted que me lee por la razón que sea. Su voluntad me tiene aquí sentado como un imbécil fumando, succionándome algunas palabras, rascándome los ojos del cansancio y con unas ganas enormes de tomarme un vaso de leche. Seguramente usted no se siente culpable porque yo esté en estas, pero debería, mucha gente se hace la estúpida jurando que es enteramente autónoma y libre, sin entender que todo aquello que hacemos tiene una función para otros, sea o no el sentido de dicho acto el fin por el cual fue ejecutado, si me entiende verdad?.
Pues bien, dicho esto, hago una pausa apago mi cigarrillo y voy por mi vaso de leche, me gustaría encontrar algo para acompañarlo pero como imaginan ya les contaré si lo he encontrado. Ya regreso. Pues bien, no solo estoy tomando leche sino que le he puesto Milo, encontré un chesscake de limón y un trozo de mantecada, ya me los comí y me siento satisfecho. Así que para terminar la entrada, digamos que sencillamente ambos nos hemos beneficiado de la funcionalidad de la cosa, usted, yo, el internet e incluso el tiempo que se ha invertido por todas las partes que han hecho esto posible. No lo olvide.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Sin concentración.
Está es la cuarta entrada que inicio desde la ultima publicación, no he terminado ninguna otra por alguna razón. Me siento distraído, no puedo enfocarme, hay algo que me está molestando y no sé que es. De modo que me siento aquí frente a esta estúpida maquina jurando que tal vez pueda ver en este proceso catártico algo que me de pistas sobre que es lo que está haciendo interferencia.
Normalmente soy una persona distraída, siempre me dicen que ando en las nubes, o que vivo encerrado en mi mundo pensando maricadas. Seguramente es cierto, ya que si revisamos los hechos, suelo perderme con facilidad en la ciudad, siempre ando enchufado a la radio o a mi música, cuando no lo estoy es por que ando leyendo, y cuando no lo hago simplemente estoy pensando en algo, o mejor aun no pienso en nada. Súmele a esto que tampoco tengo buena memoria, para muchas cosas, en especial lo que respecta a las fechas especiales para el resto del mundo, no sé cuando es el día de la madre, no se cuando es el día del amor y la amistad, no sé cuando es el día del psicólogo, y no sé cuantas otras fechas me estoy saltando, pero en especial estas son las que mas problemas me traen, ah claro, eso y olvidar el día exacto en que conocí a alguien, un aniversario, y esas vainas. También están los olvidos del tipo, dónde putas deje las llaves, quien me cogió los cigarrillos, yo pensé que había lavado la ropa, quien me movió los libros y ese tipo de cosas. Esto ultimo es la razón por la que odio que me organicen las cosas, la razón por la que cada vez que alguien toca algo mio lo noto, mi hermosa madre era cinturón negro tercer dan en provocarme migrañas por mover mis cosas y no recordar lo que hizo con ellas. Estos hechos dictan que mi distracción es globalizada, no olvido las cosas por un motivo especifico, ni tengo intención de no recordar algo por joder a alguien ni nada, simplemente no las recuerdo. Puedo tener algún daño en los centros de memoria o puedo no prestar suficiente atención a ciertos detalles por lo cual no recuerdo todo lo que no recuerdo.
Sin embargo, cuando me propongo enfocarme lo consigo, los detalles y las características de la cosa o situación a recordar no se me esconden o ensombrecen por más distraído que esté. No necesito repetirme una y otra vez lo que quiero recordar o sobre lo que quiero enfocarme, sencillamente lo conecto con la sensación de curiosidad y ya está los recuerdos no se van. Academicamente esto ha sido muy provechoso, pero ahora que lo necesito no puedo hacerlo, la curiosidad no es suficiente, algo me está estorbando, pero me esquiva cuando trato de localizarlo. Ahora que estoy enfocado me tardo más en escribir, no me es claro lo que estoy diciendo y borro y re-escribo varias veces. Pongo música para no forzarme, pero no sirve, estoy en las dos cosas, escribiendo y escuchando la música, siguiendo el ritmo y dándole a los dedos ritmos para que la cosa no sea tan arítmica.
Muchas gracias, ya entendí que era lo que me estaba fastidiando. Fin de la entrada.
Normalmente soy una persona distraída, siempre me dicen que ando en las nubes, o que vivo encerrado en mi mundo pensando maricadas. Seguramente es cierto, ya que si revisamos los hechos, suelo perderme con facilidad en la ciudad, siempre ando enchufado a la radio o a mi música, cuando no lo estoy es por que ando leyendo, y cuando no lo hago simplemente estoy pensando en algo, o mejor aun no pienso en nada. Súmele a esto que tampoco tengo buena memoria, para muchas cosas, en especial lo que respecta a las fechas especiales para el resto del mundo, no sé cuando es el día de la madre, no se cuando es el día del amor y la amistad, no sé cuando es el día del psicólogo, y no sé cuantas otras fechas me estoy saltando, pero en especial estas son las que mas problemas me traen, ah claro, eso y olvidar el día exacto en que conocí a alguien, un aniversario, y esas vainas. También están los olvidos del tipo, dónde putas deje las llaves, quien me cogió los cigarrillos, yo pensé que había lavado la ropa, quien me movió los libros y ese tipo de cosas. Esto ultimo es la razón por la que odio que me organicen las cosas, la razón por la que cada vez que alguien toca algo mio lo noto, mi hermosa madre era cinturón negro tercer dan en provocarme migrañas por mover mis cosas y no recordar lo que hizo con ellas. Estos hechos dictan que mi distracción es globalizada, no olvido las cosas por un motivo especifico, ni tengo intención de no recordar algo por joder a alguien ni nada, simplemente no las recuerdo. Puedo tener algún daño en los centros de memoria o puedo no prestar suficiente atención a ciertos detalles por lo cual no recuerdo todo lo que no recuerdo.
Sin embargo, cuando me propongo enfocarme lo consigo, los detalles y las características de la cosa o situación a recordar no se me esconden o ensombrecen por más distraído que esté. No necesito repetirme una y otra vez lo que quiero recordar o sobre lo que quiero enfocarme, sencillamente lo conecto con la sensación de curiosidad y ya está los recuerdos no se van. Academicamente esto ha sido muy provechoso, pero ahora que lo necesito no puedo hacerlo, la curiosidad no es suficiente, algo me está estorbando, pero me esquiva cuando trato de localizarlo. Ahora que estoy enfocado me tardo más en escribir, no me es claro lo que estoy diciendo y borro y re-escribo varias veces. Pongo música para no forzarme, pero no sirve, estoy en las dos cosas, escribiendo y escuchando la música, siguiendo el ritmo y dándole a los dedos ritmos para que la cosa no sea tan arítmica.
Muchas gracias, ya entendí que era lo que me estaba fastidiando. Fin de la entrada.
jueves, 29 de septiembre de 2011
La pata ortopédica. De donde proviene la locura.
Cuando pensamos en la locura acudimos normalmente a aquello que consideramos fuera del rango de lo cotidiano; estadísticamente hablamos de lo que está en los extremos de la campana de la medición de un comportamiento. Sin embargo la locura no es tal cosa.
En lo personal he escuchado muchas veces "estás loco" o "eres un loco" o "te volviste loco", pues bien, pienso con firmeza que algo como eso solo puede venir de una persona enteramente normal. Y que asume que todo cuanto hace guarda los parámetros de la normalidad, obviando el hecho, de que la normalidad es una ilusión socialmente construida y culturalmente legitimizada.
La locura se encuentra vinculada profundamente con lo que reprimimos. Con todas aquellas cosas que se convierten en inconscientes cuando no las realizamos, y regresan en forma de síntomas a patearnos el culo y recordarnos, que lo no realizado constituye por lo menos el 70% de nuestros motores de acción. Para acceder a la locura, necesitamos diferentes estrategias y tácticas.
Una cosa es pensar y otra sentir:
Aunque si bien es cierto el conocimiento y la pasión son indisociables, en lo que respecta al pensar y el sentir, que son niveles de intensidad diferentes a los primeros, es posible distinguir uno de otro. El pensamiento es claro, conciso, concreto, util, funcional, analitico y direccional. Cuando aparece una duda o confusion en el pensamiento, es cuando algo hace falta para que dicho pensamiento sea operativo, es decir cumpla con su función. Cuando pensamos somos capaces de interpretar, argumentar y proponer esto exige que las caracteristicas antes mencionadas esten completas, cuando surgen dudas o confusiones en el pensamiento, una o varias de las caracteristicas tiene errores o faltas.
Por otra parte el sentimiento es difuso, denso, complejo, afuncional y multidireccional. Pero paradojicamente sabemos lo que son, no en terminos del porqué, sino del qué. La pregunta que nos lleva a cometer errores con respecto al sentir es precisamente el "porqué siento?", y esto es lo que con mayor frecuencia hacemos, porqué siento esto en ésta situación y no en otra, por qué me pasa con esta persona y no con otra, y así. Las dudas o confusiones no existen en el sentimiento, pues al carecer de funcionalidad no tienen un objetivo que perseguir más que el de expresarse, por ello la multidireccionalidad.
Cuando el pensamiento interviene en la ilusión de la clarificación de un sentimiento, no ocurre otra cosa que una suplantación del pensamiento sobre el sentimiento; dandole a este segundo caracteristicas del primero. Es decir: a la manifestación del sentimiento se le da una dirección (hacia allá, hacia esa persona), a su densidad se le da una utilidad (será el soporte de la dirección), se le otorga una función (para sentirme bien o mal), esta caracterización del sentimiento por parte del pensamiento lo fragmenta y ensombrece.
Debo hacer claridad ahora, con respecto a que no es un sentimiento aquello que no entendemos o nos produce dudas sobre nuestros actos, esto ocurre por que la dirección del pensamiento esta superponiendose a la multidireccionalidad de ese sentimiento.
La locura puede hacer estas distinciones, con una agilidad impresionante, y le permiten liberarse del yugo de la nostalgia y la culpa, le permiten satisfacer las necesidades del pensamiento y gozar de la manifestación del sentimiento.
El autoengaño y la satisfacción de los otros: Cuando nos borramos a nosotros mismos.
En el autoengaño existe un objetivo claro, evitar el dolor. Sin embargo, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Esto significa que nos guste o no en algun momento sentiremos dolor y si no lo hemos sentido, ya tendremos la oportunidad. En cuanto al sufrimiento, este se da cuando enmascaramos eso que nos duele para intentar minimizarlo; si lo consigue preocupese pues le pasará cuenta de cobro en el momento en que menos se lo espera. El autoengaño entonces cumple una función social a la que llamamos madurez. Cuando maduramos comenzamos a sincerar nuestras mejores habilidades sociales para los otros y comenzamos a engañarnos a nosotros mismos, suponiendo que podemos disfrutar del otro modificando lo que somos.
Este error lo hemos cometido todos, sino le ha pasado no se preocupe ya le pasará, con un amigo, una persona que le gusta, su pareja, sus papas, su familia o mejor aun, con un completo desconocido. En la satisfacción de los otros, el mantener contento a todo el mundo, el sentirse aceptado, la comodidad con un vinculo cualquiera que este sea, oculta un profundo miedo a satisfacerse a sí mismo en la misma medida que se aspira satisfacer a los demas. Comenzamos derrepente a borrarnos a nosotros mismos y entramos a jugar con lo que quieren los demas, nos ponemos tantas caretas o maquillaje como se nos pide; pero éste no es el problema, el problema es que olvidamos retirar ese maquillaje y esa careta, y comezamos a hacerla parte de nosotros. Al principio podemos distinguirla, sabemos que está ahi, cuando dejamos de verla es cuando ingenuamente pensamos que hemos cambiado, pero las personas no cambian. Un cambio supone una aceleración, en la misma dirección y en el mismo sentido, eso es lo que hacen las plantas, no se usted, pero yo no soy un vegetal.
La locura entiende que el autoengaño es necesario para el desarrollo social de la persona, que a los otros debe satisfacerceles, pero nunca por completo, y jamas a costa de aquello que desea para sí misma. La locura entiende que todos incluso ella se proyecta en los otros. Es decir, pone elementos que son suyos en otras personas para poder generar empatia, para poder comenzar un contacto con un otro.
La locura tiene miedo.
En el miedo reside un potencial de acción que no se encuentra con facilidad. El miedo deviene en muchas ocasiones de aquello que no se conoce, en otras de las consecuencias de nuestras decisiones, en otras del negarnos a aceptar que queremos algo y en otras tantas sencillamente es cuestión de supervivencia social. En estas situaciones de estrés (todas lo provocan), es cuando se juegan las mejores cartas. Cuando se armonizan nuestras mejores habilidades emocionales, cuando lo más agudo de nuestras astucia hace presencia y cuando damos a la palabra "hechos" su práctica más potente.
La tensión que provoca el miedo, cualquiera que este sea, radica en las contradicciones. Esa es su fuerza primaria, su más grande motor para hacer de nosotros seres de actos significativos. Debemos decidir, a ello nos fuerza el miedo, a crear una avalancha de puntos de vista sobre los cuales elegir.
La locura tiene miedo constantemente.
Esta entrada nació de una locura.
En lo personal he escuchado muchas veces "estás loco" o "eres un loco" o "te volviste loco", pues bien, pienso con firmeza que algo como eso solo puede venir de una persona enteramente normal. Y que asume que todo cuanto hace guarda los parámetros de la normalidad, obviando el hecho, de que la normalidad es una ilusión socialmente construida y culturalmente legitimizada.
La locura se encuentra vinculada profundamente con lo que reprimimos. Con todas aquellas cosas que se convierten en inconscientes cuando no las realizamos, y regresan en forma de síntomas a patearnos el culo y recordarnos, que lo no realizado constituye por lo menos el 70% de nuestros motores de acción. Para acceder a la locura, necesitamos diferentes estrategias y tácticas.
Una cosa es pensar y otra sentir:
Aunque si bien es cierto el conocimiento y la pasión son indisociables, en lo que respecta al pensar y el sentir, que son niveles de intensidad diferentes a los primeros, es posible distinguir uno de otro. El pensamiento es claro, conciso, concreto, util, funcional, analitico y direccional. Cuando aparece una duda o confusion en el pensamiento, es cuando algo hace falta para que dicho pensamiento sea operativo, es decir cumpla con su función. Cuando pensamos somos capaces de interpretar, argumentar y proponer esto exige que las caracteristicas antes mencionadas esten completas, cuando surgen dudas o confusiones en el pensamiento, una o varias de las caracteristicas tiene errores o faltas.
Por otra parte el sentimiento es difuso, denso, complejo, afuncional y multidireccional. Pero paradojicamente sabemos lo que son, no en terminos del porqué, sino del qué. La pregunta que nos lleva a cometer errores con respecto al sentir es precisamente el "porqué siento?", y esto es lo que con mayor frecuencia hacemos, porqué siento esto en ésta situación y no en otra, por qué me pasa con esta persona y no con otra, y así. Las dudas o confusiones no existen en el sentimiento, pues al carecer de funcionalidad no tienen un objetivo que perseguir más que el de expresarse, por ello la multidireccionalidad.
Cuando el pensamiento interviene en la ilusión de la clarificación de un sentimiento, no ocurre otra cosa que una suplantación del pensamiento sobre el sentimiento; dandole a este segundo caracteristicas del primero. Es decir: a la manifestación del sentimiento se le da una dirección (hacia allá, hacia esa persona), a su densidad se le da una utilidad (será el soporte de la dirección), se le otorga una función (para sentirme bien o mal), esta caracterización del sentimiento por parte del pensamiento lo fragmenta y ensombrece.
Debo hacer claridad ahora, con respecto a que no es un sentimiento aquello que no entendemos o nos produce dudas sobre nuestros actos, esto ocurre por que la dirección del pensamiento esta superponiendose a la multidireccionalidad de ese sentimiento.
La locura puede hacer estas distinciones, con una agilidad impresionante, y le permiten liberarse del yugo de la nostalgia y la culpa, le permiten satisfacer las necesidades del pensamiento y gozar de la manifestación del sentimiento.
El autoengaño y la satisfacción de los otros: Cuando nos borramos a nosotros mismos.
En el autoengaño existe un objetivo claro, evitar el dolor. Sin embargo, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Esto significa que nos guste o no en algun momento sentiremos dolor y si no lo hemos sentido, ya tendremos la oportunidad. En cuanto al sufrimiento, este se da cuando enmascaramos eso que nos duele para intentar minimizarlo; si lo consigue preocupese pues le pasará cuenta de cobro en el momento en que menos se lo espera. El autoengaño entonces cumple una función social a la que llamamos madurez. Cuando maduramos comenzamos a sincerar nuestras mejores habilidades sociales para los otros y comenzamos a engañarnos a nosotros mismos, suponiendo que podemos disfrutar del otro modificando lo que somos.
Este error lo hemos cometido todos, sino le ha pasado no se preocupe ya le pasará, con un amigo, una persona que le gusta, su pareja, sus papas, su familia o mejor aun, con un completo desconocido. En la satisfacción de los otros, el mantener contento a todo el mundo, el sentirse aceptado, la comodidad con un vinculo cualquiera que este sea, oculta un profundo miedo a satisfacerse a sí mismo en la misma medida que se aspira satisfacer a los demas. Comenzamos derrepente a borrarnos a nosotros mismos y entramos a jugar con lo que quieren los demas, nos ponemos tantas caretas o maquillaje como se nos pide; pero éste no es el problema, el problema es que olvidamos retirar ese maquillaje y esa careta, y comezamos a hacerla parte de nosotros. Al principio podemos distinguirla, sabemos que está ahi, cuando dejamos de verla es cuando ingenuamente pensamos que hemos cambiado, pero las personas no cambian. Un cambio supone una aceleración, en la misma dirección y en el mismo sentido, eso es lo que hacen las plantas, no se usted, pero yo no soy un vegetal.
La locura entiende que el autoengaño es necesario para el desarrollo social de la persona, que a los otros debe satisfacerceles, pero nunca por completo, y jamas a costa de aquello que desea para sí misma. La locura entiende que todos incluso ella se proyecta en los otros. Es decir, pone elementos que son suyos en otras personas para poder generar empatia, para poder comenzar un contacto con un otro.
La locura tiene miedo.
En el miedo reside un potencial de acción que no se encuentra con facilidad. El miedo deviene en muchas ocasiones de aquello que no se conoce, en otras de las consecuencias de nuestras decisiones, en otras del negarnos a aceptar que queremos algo y en otras tantas sencillamente es cuestión de supervivencia social. En estas situaciones de estrés (todas lo provocan), es cuando se juegan las mejores cartas. Cuando se armonizan nuestras mejores habilidades emocionales, cuando lo más agudo de nuestras astucia hace presencia y cuando damos a la palabra "hechos" su práctica más potente.
La tensión que provoca el miedo, cualquiera que este sea, radica en las contradicciones. Esa es su fuerza primaria, su más grande motor para hacer de nosotros seres de actos significativos. Debemos decidir, a ello nos fuerza el miedo, a crear una avalancha de puntos de vista sobre los cuales elegir.
La locura tiene miedo constantemente.
Esta entrada nació de una locura.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El porvenir de una ilusión.
Freud dijo que estamos limitados a la predicción del futuro por el cómo percibimos el presente y lo poco que sabemos del pasado.
Ahora, puedo decir que mi percepción del presente es extraña pues de alguna forma me siento como me sentía hace al menos ocho años. Lleno de una curiosidad insondable sobre lo que pasa cada día, sin mirar más allá de lo que ocurre en mi inmediatez. Haciendo nada y siendo consecuentemente nada, me encuentro en un punto en el que no me puedo proyectar en el tiempo para decir, en uno años seré esto o lo otro. No siento confusión alguna, todo está claro.
No mido el tiempo como lo hacen muchos. No tengo la energía suficiente para hacerlo. No puedo devenir en un tiempo de todos los días, necesito descansar de mí mismo y de todos los demás, es demasiado sentir y pensar todos los días. No tengo idea como algunos pueden decir que lo hacen, y que a demás pueden hacerlo con un recuerdo. Es sofocante pero paradójicamente es lo que se espera socialmente. En momentos como estos siento que me hago las preguntas correctas sobre lo que quiero, pues no me desgasto pensando en un futuro que no es otra cosa que el porvenir de una ilusión. Y como bien apunte algún día, el porvenir de una ilusión en efecto no es otro que una desilusión del mismo tamaño.
Estas ilusiones entonces aparecen en nuestras vidas como una forma de dirigirnos durante el diario vivir. En ocasiones espantan la belleza del presente y la trastocan en un ideal de llegar a ser; en una meta, en un destino, en un algo que deseamos y que nunca satisfacemos por completo. Pero estas ilusiones son necesarias, pues de otro modo, su ausencia nos estrellaría contra una de las realidades del desarrollo humano; puedes poder, o puedes ser. Entonces, nos entregamos a pensar y sentir lo que será partiendo de lo que somos en un ahora, y recordando lo que fuimos. Dividimos nuestra fuerza en el intento de mantener con nosotros un pasado (en tanto que fuimos y nos formó), de existir en un presente (en tanto pensamos, actuamos y sentimos) y de pretender en un futuro (creando la fantasía de trascender en el tiempo). Nos engañamos al pensar que somos permanentes, somos temporales.
Entonces entiendo que puedo equivocarme, que puede que de alguna manera la aventura de la permanencia se manifieste en la cotidianidad y significancia de mi vida, pero dejo de lado este argumento, prefiero en mi la responsabilidad de mis errores y aciertos, y no martirizarme por un "que hubiera pasado si...". Sé con claridad que no hay nostalgia donde no hay culpa, y eso me tranquiliza. La congruencia entre lo que pensamos y sentimos nos libera de ese yugo que representa la nostalgia; de esa cadena que nos arrastra a maldecir nuestros errores en lugar de aprender de ellos. Aquí es cuando comienzo a sentir que no tengo otro remedio que vivir y hacer como lo sienta, que el pensar no es suficiente, que la cotidianidad exige de mí una directriz que no pueda ser sometida a debate y en ese caso, solo lo que sentimos es inapelable. Cuando entregamos la brújula a el pensamiento perdemos una oportunidad de satisfacernos en mayor medida con lo que hacemos, pues comenzamos a mentirnos a nosotros mismo y ahí es cuando surge el engañoso conformismo. Nos hacemos daño, cuando nos mentimos, cuando luchamos por mantener lo que deseamos como si fuera una cosa, no podemos decir que sentimos con sinceridad si razonamos ese sentir antes de hacer que nos muestre su forma en una realidad tangible que desborde a la realidad de las especulaciones.
Ahora no me queda más que ser, esto es lo que por mi mano ha surgido: decisión, acto, consecuencia y responsabilidad, en ese orden. De modo que voy a gozarmelo.
Ahora, puedo decir que mi percepción del presente es extraña pues de alguna forma me siento como me sentía hace al menos ocho años. Lleno de una curiosidad insondable sobre lo que pasa cada día, sin mirar más allá de lo que ocurre en mi inmediatez. Haciendo nada y siendo consecuentemente nada, me encuentro en un punto en el que no me puedo proyectar en el tiempo para decir, en uno años seré esto o lo otro. No siento confusión alguna, todo está claro.
No mido el tiempo como lo hacen muchos. No tengo la energía suficiente para hacerlo. No puedo devenir en un tiempo de todos los días, necesito descansar de mí mismo y de todos los demás, es demasiado sentir y pensar todos los días. No tengo idea como algunos pueden decir que lo hacen, y que a demás pueden hacerlo con un recuerdo. Es sofocante pero paradójicamente es lo que se espera socialmente. En momentos como estos siento que me hago las preguntas correctas sobre lo que quiero, pues no me desgasto pensando en un futuro que no es otra cosa que el porvenir de una ilusión. Y como bien apunte algún día, el porvenir de una ilusión en efecto no es otro que una desilusión del mismo tamaño.
Estas ilusiones entonces aparecen en nuestras vidas como una forma de dirigirnos durante el diario vivir. En ocasiones espantan la belleza del presente y la trastocan en un ideal de llegar a ser; en una meta, en un destino, en un algo que deseamos y que nunca satisfacemos por completo. Pero estas ilusiones son necesarias, pues de otro modo, su ausencia nos estrellaría contra una de las realidades del desarrollo humano; puedes poder, o puedes ser. Entonces, nos entregamos a pensar y sentir lo que será partiendo de lo que somos en un ahora, y recordando lo que fuimos. Dividimos nuestra fuerza en el intento de mantener con nosotros un pasado (en tanto que fuimos y nos formó), de existir en un presente (en tanto pensamos, actuamos y sentimos) y de pretender en un futuro (creando la fantasía de trascender en el tiempo). Nos engañamos al pensar que somos permanentes, somos temporales.
Entonces entiendo que puedo equivocarme, que puede que de alguna manera la aventura de la permanencia se manifieste en la cotidianidad y significancia de mi vida, pero dejo de lado este argumento, prefiero en mi la responsabilidad de mis errores y aciertos, y no martirizarme por un "que hubiera pasado si...". Sé con claridad que no hay nostalgia donde no hay culpa, y eso me tranquiliza. La congruencia entre lo que pensamos y sentimos nos libera de ese yugo que representa la nostalgia; de esa cadena que nos arrastra a maldecir nuestros errores en lugar de aprender de ellos. Aquí es cuando comienzo a sentir que no tengo otro remedio que vivir y hacer como lo sienta, que el pensar no es suficiente, que la cotidianidad exige de mí una directriz que no pueda ser sometida a debate y en ese caso, solo lo que sentimos es inapelable. Cuando entregamos la brújula a el pensamiento perdemos una oportunidad de satisfacernos en mayor medida con lo que hacemos, pues comenzamos a mentirnos a nosotros mismo y ahí es cuando surge el engañoso conformismo. Nos hacemos daño, cuando nos mentimos, cuando luchamos por mantener lo que deseamos como si fuera una cosa, no podemos decir que sentimos con sinceridad si razonamos ese sentir antes de hacer que nos muestre su forma en una realidad tangible que desborde a la realidad de las especulaciones.
Ahora no me queda más que ser, esto es lo que por mi mano ha surgido: decisión, acto, consecuencia y responsabilidad, en ese orden. De modo que voy a gozarmelo.
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