martes, 10 de noviembre de 2015

Siempre ha estado ahí.

"La televisión lo distrae a uno", "el facebook lo vuelve tonto a uno", "es que twitter lo vuelve a uno todo sangrón", "las noticias lo hacen a uno pesimista", "la religión lo vuelve a uno bueno", "el amor te hace mejor persona" dicen, decimos.

Desde que se inventaron las excusas todo el mundo queda bien, y va uno a ver y sí. Si para algo somos buenos es para inventar excusas, esa necesidad de no desagradar a nadie, de quedar bien, de que nos vean bien nos arrastra a esto. La tendencia de la excusa es generalmente poner fuera de uno la causa de aquello que se hizo mal, se quiere evitar, o retrasó "eso", si uno le pone atención a las excusas que le dan para cualquier situación nota con facilidad que esa es la estructura, obviamente por eso es una excusa; es una causa externa.

Ahora que si uno se pone a pensar con calma la razón por la que ponemos fuera de nosotros las causas de lo anterior, entre muchas otras que nadie quiere admitir resalta aquella que nos causa animadversión, que incomoda, esa sensación de desagrado que produce el fracaso o bien la anticipación del mismo; la consecuencia de lo que hacemos o dejamos de hacer. La tecnología es una muestra de esto, en medio de la proyección que suscita y la transparencia en la que se desenvuelve su dinámica, cuando uno presta atención se da cuenta que siempre ha estado ahí.

Siempre ha estado ahí el matón que insulta desde el anonimato, no es que las redes sociales promuevan la violencia sino que simplemente la deja emerger; no es que los portales o plataformas para subir fotos y videos nos hagan histriónicos o vouyeristas o nos lleven a mostrar la privacidad, el cuerpo, el sexo, lo que ocultamos, o nos arrastre a ver éstas y muchas otras cosas, eso siempre ha estado ahí. La tecnología como esa amalgama exquisita entre lo psíquico y técnico se ha convertido en el discurso de la excusa, las personas tendemos a rechazar cualquier cosa que nos cause algún tipo de displacer dada la orientación que tenemos a la supervivencia y la complacencia de nuestros deseos, necesidades y caprichos, pero no nos gusta que nos lo recuerden. Preferimos ser esas personas altruistas, preocupadas por el otro, siempre dispuestas a ayudar, interesadas y comprometidas con todo lo bueno y noble que se nos pueda atravesar en el camino.

Por eso es importante que rescatemos ese "siempre ha estado ahí" porque nos recuerda lo poco que nos conocemos, lo mucho que nos hace falta para aceptarnos a nosotros mismos con nuestras virtudes y defectos, y sobre todo porque eso que siempre ha estado ahí no ha estado solo, ha estado con muchas personas, con padres, amigos, conocidos, desconocidos... eso que siempre ha estado ahí lo creamos con otros, el cómo lo hacemos lo llamamos experiencia personal, y los patrones que forman los puntos en común los llamamos cultura.

lunes, 20 de abril de 2015

La culpa es de los padres.

Pensar en ser padre, ser padre, proyectarse como padre, asumir el ser padre y querer ser padre, son situaciones putamente jodidas. Quiero decir, son situaciones complejas en demasía. Es usted padre? quiere serlo? se proyecta como tal?... Lo que la gente generalmente no entiende sobre la paternidad es que eso (ser padre) no es algo que uno es como persona, es algo que se ejerce sobre un otro, y es por eso que lo considero no solo algo muy delicado sino también peligroso.

Verán yo no creo que la reflexión paternal deba girar en aquel que encarnara ese significante (el padre), quien lo subjetivará y articulará, pienso que la reflexión paterna debe darse hacia ese otro sobre el que se ejerce, los hijos, sobre ellos es esta entrada.

Los niños son esos seres que una vez fuimos, esas extrañas criaturas aquejadas por exigencias pulsionales (expectativas paternas, entre otras) que no entendíamos (muchos siguen sin hacerlo) e inmersas sin nuestro consentimiento en el mundo de las prohibiciones de los adultos (la historia de los padres es la historia de las prohibiciones hacia sus hijos). Pero más allá de ese infante freudiano nuestro niño posmoderno es más del tipo do it yourself, son más proactivos a inventar permanentemente significaciones sobre sus vivencias sexuales, familiares, frustraciones y claro está sobre todo aquello que les rodea, lo que naturalmente incluye a los padres. Sí, los niños son seres sexuales; sí, los niños son los que inventan a los padres; sí, los niños se construyen de frustruaciones y sí, ningún niño pidió venir a éste mundo, por si no fui lo suficientemente claro. Este niño posmoderno se encuentra al igual que nuestra época en una era de transiciones (como si todas las "eras" no fueran eso finalmente) se encuentra ante un discurso fragmentado y polireferencial en el cual exigirá de sus padres la claridad y el temple para anudar el deseo a la ley y permitirle transitar en este exótico delirio compartido al que llamamos sociedad.

Y es que uno de los mayores males de esa sociedad son precisamente los padres, y en especial, esos que creen que un niño piensa como un adulto, se comporta como tal y se desarrolla como tal. Los niños son síntomas, falos u objetos de los adultos, de esos que se hacen llamar padres, ningún niño escapa a ésto y esa es la razón por la cual a ningún padre le gusta reflexionar sobre su paternidad desde la perspectiva de los niños, porque entonces se enfrentan a ver en sus hijos eso que se presenta como perturbador de la noción padre-hijo. Si usted es padre, piénselo, sino lo es, que no se le olvide.

Cuál es entonces el andamiaje que prestan los padres a los hijos? puede preguntarse uno perspicazmente, teniendo claro que cualquier respuesta que se de no sera otra cosa que un problema que se ofrece al infante, para que de su solución emerja lo que se puede decir es una subjetividad en construcción. Un poco más claro, si a la pregunta anterior la respuesta es tal vez la más común, "una familia", queda claro por que decimos que se entrega al menor un problema, pues lo primero que debe descifrar es qué es eso, tal vez a nuestros abuelos llegar a una conclusión clara no era difícil, a algunos de nuestros padres les tomo más trabajo, a algunos de nosotros y nuestros contemporáneos seguro se les complicó, pero es más que cierto que a nuestros hijos definitivamente les espera una tarea a la que le van a tener que invertir muchos recursos cognitivos y afectivos, si aún se pregunta porqué sería así, permitame recordarle que en la actualidad hay por lo menos ocho tipos de familias y que en el salón de clases de un colegio me atrevo a decir que hay mínimo unos cuatro tipos diferentes; que sus hijos interactuan con los referentes de los otros niños, de los maestros, del colegio, de su propia familia y los suyos (cada cual cargado con una historia particular) y creo que entenderá que no todos son iguales y al no serlo debe articularlos y esto implica elaborar una historia, la propia. Creo que es por esto que no me gusta del todo que se diga que los niños son esponjas, creo que además son agua.


El horror como consumo. Dos ejemplos en Colombia.


La semana pasada estuvieron circulando dos videos especialmente macabros en las redes sociales, uno es el de cómo muere atropellado por un bus de transmilenio un transeúnte que intentaba ingresar sin pasaje al sistema de transporte de Bogotá. El otro, un video que muestra los cuerpos sin vida de un grupo de soldados asesinados por la guerrilla de las FARC. Las noticias y comentarios en las redes sociales y portales de información en los que se colgaron éstos videos son muy curiosas y todas muestran un patrón en común, hay un goce en acceder a esos videos. 


No puede negarse que el consumo de horror es parte de la cultura mediática de nuestra época, las noticias gráficas de las abominaciones de las que somos capaces los seres humanos son las que más visitas y consulta tienen, éste tipo de pornografía es bastante común y poco estigmatizada en comparación con el porno, pues ésta tiene siempre el supuesto fin de "concientizar" sobre algo, para los casos que les comento, el fin de concientizar a las personas a no "colarse" en el sistema de transporte por que están arriesgando su vida y pueden terminar siendo el próximo protagonista del vídeo; mostrar y compartir el video de los militares asesinados pasando por encima de las familias y el respeto mínimo que merece una persona, se justifica en que es esa la consecuencia de lo que ocurre en Colombia con la guerrilla y la situación política en la que se encuentran (eso de que están negociando la "paz" supuesetamente) entonces ese video debería compartirse para que la gente vea la "verdad" de lo que ocurre...

En ambos casos, el moralista que comparte el video, como siempre ocurre, se convierte en un sádico extremadamente agresivo, pues en su "argumento", es su idea de lo que ocurre la que prevalece por sobre la dignidad de la persona que sufre. Cómo cree que sentaría en su funeral las palabras de algún desprevenido: "disculpe, él no es el señor del video?, el que mató el transmilienio? mi mas sentido pésame por la perdida de su esposo", en caso de que cuente con la suerte de no toparse con algún "periodista" que le pregunte muy profesionalmente "qué se siente que su esposo haya muerto atropellado por un bus del sistema masivo de transporte transmilenio?... Muchas personas suelen decir con facilidad que hay cosas que no tienen precio, lamentablemente hay más hechos que lo contradicen.


lunes, 21 de abril de 2014

Separando al personaje de la persona.

Pasada la semana de pasión me permito compartirles un pensamiento que me rondo durante ése tiempo y que tal vez no tiene nada que ver con lo que se supone debería haber pensado en esos días de profunda conexión espiritual. Esta entrada será más bien corta comparada con lo que acostumbro escribir aquí, así que mejor comienzo de una vez.

La sexualidad y el sexo tienen la capacidad de movilizar la identificación y abrazar la identidad de una forma que solo puedo pensar como algo iconográfico, no en tanto la descripción de la sexualidad o del sexo sino como una provocación a su sentido, a lo imaginario y lo simbólico que escapa a una trillada metáfora lingüística que sufre porque la palabra es incapaz de contenerla. Esta iconografía, esta provocación del otro que se pone en escena en la identificación y en la identidad es a través de la cual nos erigimos como sujetos sociales -pues es por el otro que hemos sido producidos- y es, en el devenir intersubjetivo que coqueteamos con términos como el de individualidad y colectividad, para entregarnos a la duda de, si tales nociones son capaces de sostenernos como sujetos.

Se dice académicamente que la identidad puede construirse a través de narrativas alternas y gracias al poder performativo del lenguaje, y sin embargo la cotidianidad nos recuerda mediante pequeñas muestras lo extremadamente difícil que es cambiar una serie de características que, por su obstinada tendencia a repetirse, se convierte en lo más parecido a una esencia, sin querer decir con esto que lo sea. En este sentido hay dos poderosas fuentes que exhiben la tendencia mencionada: la pornografía y la política. La primera es un tema que me apasiona, entre otras porque es centro de una disyuntiva muy característica de nuestra época y que tiene todo que ver con los procesos de identificación, pues al tiempo que es una industria que mueve cientos de millones de dolares al año (incluyéndola legal y legítimamente en la estructura de producción de sentidos, ya que no existe una sola fuente que no haga parte del aparato económico) siendo un prospero negocio también la asocia a un sin fin de representaciones sociales tanto buenas como malas (digo buenas en aras de no sonar prejuicioso pero...), esta disyuntiva es la de situarse como un discurso desde el cual se lee a la sociedad objetivamente, entendiendo que cada uno de sus sujetos es una pequeña sociedad dada su marcada co-dependendencia con los otros. La pornografía comparte con la política características de un discurso capaz identificar al sujeto no solo en lo que se refiere a lo que compartimos con el otro sino también a lo que nos causa cierta animadversión de él. Esta segunda parte de la identificación es por mucho la más interesante de las dos formas por las que las personas le damos posición a nuestro yo y nos situamos para expresarnos en nombre propio. Así tanto política como pornografía producen en quienes la ejercen los sujetos sociales tal vez más cargados de imaginarios instituidos e instituyentes de toda la sociedad.

Les dejo éste video que considero contiene precisamente esto de lo que estamos hablando, siéntase libre de proyectarse.
¿Cómo pasaría usted 24 horas con una estrella porno? ¿algo que comparta o no comparta de lo que se muestra en el video? ¿considera usted que el trabajo que hace alguien lo define como ser humano? ¿si le pido que describa los discursos que encuentra en el video y me cuente que es lo que más le molesta lo haría? ¿cuantos temas relacionados con los vínculos y las relaciones humanas puede contar en el video?.

Pasemos ahora a otro vídeo   https://www.youtube.com/watch?v=PEgvANWNqVw ya que no fui capaz de indexarlo como el otro les dejo el enlace con la esperanza de que lo vean, ya que trata también del tema en cuestión y que como verán, es parte de esos videos que tienen la facilidad de cuestionar ¿cómo es posible que en una era multimedia, visual e icónica las personas aun tengan un sentido de representación tan pobre?.

De todo aquello con lo que tenemos contacto nuestra orientación hacia lo que de ello extraemos nos dice más de nosotros mismos que las conclusiones a las que llegamos, por mi parte considero que tanto de la política como de la pornografía puede edificarse una noción de lo que es la pasión, y en lo personal me gusta la idea de que la pasión es algo más que un aditivo con el que se hacen las cosas y es más bien un punto de partida.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Ex: pasado, presente y futuro.

Son pocas las personas que hablan con naturalidad, sin rencor o sevicia y, con agradecimiento de sus ex, por qué?. Cómo habla usted de sus ex?, les guarda rencor?, les desea la muerte? se quedo con algo que decirle?, con algo que hacerle?; tiene usted, algún pendiente con sus ex? piénselo detenidamente antes de contestar.

Las relaciones sociales y los vínculos amorosos que creamos dicen mucho de nosotros mismos y del contexto relacional que nos rodea, si bien nos gusta la idea de la autonomía y la toma de decisiones únicamente basada en el Yo esta ilusión se fragmenta cuando hacemos una revisión cuidadosa de nuestros antecedentes relacionales. Las familias como estructuras que producen seres sociales autónomos dejan huella en los patrones y estilos vinculares y relacionales de las personas, tenemos un antecedente que no podemos obviar pues al hacerlo corremos el riesgo de fantasear sobre el por qué provocamos ciertas situaciones en nuestra vida emocional y social. Fíjese en los estilos, pautas y patrones de interacción social de su familia y compárelo con los suyos, le apuesto que encontrara cuando menos un 50% de similitud, si es un observador distraído.

Con esto tenemos un punto de reflexión bastante interesante, no me refiero a la reproducción de patrones de comportamiento (en términos estructuralistas) o de ideales (estilo Tipos ideales en Weber), me refiero a que a pesar de querer diferenciarnos de la estructura de la que provenimos, repetimos su funcionamiento general con algunas modificaciones que nos hacen creer -inocentemente- que la hemos superado. Nuestr@s ex son parte de la forma en la que nos narramos a nosotros mismos la historia del qué hemos aprendido de nuestro entorno relacional y emocional.

Pero no nos enredemos, retomemos esa linea temporal que permite la distinción entre el "ex" y el "que no ex", pasado - presente- futuro; regularmente se dice que el pasado es pasado, que no se puede cambiar, que lo hecho hecho está, que no hay que llorar sobre la leche derramada y un sin fin de frases alegóricas que suguieren que el pasado no puede cambiar, pero de hecho si puede cambiar, de hecho, cambia constantemente, el pasado se modifica exquisitamente en la forma en que lo recordamos, en la forma en que lo narramos, podemos -y de hecho lo hacemos con bastante frecuencia- modificar nuestros recuerdos, añadiéndoles fragmentos, borrando otros, distorcionándolos sutilmente y creando algunos que ni siquiera existieron, nuestra memoria está basada en nuestro presente.

Nuestro presente por su parte se debate en una interesante dinámica entre el procesamiento de información,  la toma de decisiones y la proposición comportamental, me explico: como sujetos no alcanzamos a ser otra cosa que una entidad capaz de procesar, responder y proponer acciones a un ambiente. Cada uno de estos momentos, procesamiento, respuesta y proposición tienen su éxtasis en el aquí y el ahora; la velocidad con la que somos capaces de procesar información -y el volumen- es algo que incluso para las computadoras más avanzadas del planeta es aún inalcanzable, así mismo la capacidad de respuesta que poseemos está más allá de cualquier tecnología que conozcamos, pues nuestra forma de responder está muy por encima de una operación aritmética, al tiempo, que somos capaces de proponerle al medio -en el cual nos incluimos- atendiendo al procesamiento de la información, la respuesta que emitimos y el sentido de la misma -ésto es algo que ninguna computadora puede hacer- esto es, tentar la respuesta de otro sujeto, hacer una apuesta sobre el comportamiento subsecuente; en ésto se basa nuestra habilidad para aprender, en nuestro presente.

Mientras que, nuestro futuro se torna algo definitivamente más humano, y por lo tanto más amorfo, nuestro futuro es un conjunto de información a la que no hemos respondido y sobre lo que lo único que tenemos para navegar en el es una estructura previa -que no es nuestra- para proponer, y con base en esto aspirar a poder corregir lo que sea necesario para obtener un masificado placer. Lo que nos lleva a la parte bonita de la historia, cuestionarnos si la forma en la que vemos a nuestros ex es una fachada de nuestro presente para validar la forma en la que estamos respondiendo al ambiente, anhelando aquel futuro sobre el que, nos hemos enviciado a tentar una y otra vez, pues finalmente este ciclo no ha cesado de reproducirse.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Depresión post-party. Hallowen.

Ayer me sentí un poco extraño caminando entre tanto zombi, zorra, princesa, princeso, héroe y animal mitológico que cubrió la ciudad en un particular desfile simbólico de dulces amenazas. Si bien no acostumbro celebrar el hallowen no por mamertada sino por que me trae muy malos recuerdos, ayer me dio por salir a "caminar" -más a cojear que a caminar, pero bueno- salí, agarre el bastón, me puse la chaqueta, audífonos en mano y cigarrillos en el bolsillo, quería ver el hallowen.

Aquí en el barrio fue muy bonito, los papás llevando a los niños a pedir dulces, el grupo de amigos riendo y jugando con sus disfraces, darme cuenta cuanto han cambiado los discursos infantiles -en mi época amenazábamos con malformaciones faciales y daño a la propiedad privada para que nos dieran confites- por favor! ¿cómo pueden pedirle a Fredy Cruger que entone algo como "quiero paz quiero amor dame dulces por favor"?, no, no, no hay coherencia, feo, no me gusto ver a los villanos que considero personalmente los mejores disfraces arrodillarse de esa manera, en fin, un ambiente bastante infantil -me aburrí y decidí irme para otro lado-.

En el bus me toco sentarme al lado de una "vampiresa", me fui todo el camino reventado de la risa con pensamientos del tipo -¿será que solo chupa sangre?; con la tarjeta de crédito del marido seguro no necesita morderlo para desangrarlo...- regularmente me río solo, y siempre voy pensando en algo, cada veza que miraba hacia la ventana me detenía en algún aspecto de su disfraz, el cabello negro super lizo y con extensiones -tipo Lili monster- maquillaje pálido, ojeras marcadas, dientes postizos, uñas larguísimas, vestido -bastante apretado en algunas partes al punto que exacerbaba un cuerpo de por si bonito-, y el único accesorio que desentonaba con su disfraz era una cartera donde seguro llevaba las cosas que ninguna mujer deja nunca: polvos, espejo, pintalabios, lápiz de ojos, aguja, hijo, superbonder, etc etc y en un bolsillito pequeño -el que siempre les roban- las llaves, la cédula y la plata. Me di cuenta entonces que no estaba prestando atención, estaba viendo el disfraz, no estaba viendo a quien lo llevaba, o bueno sí, pero no de la manera que quería ver, la intención no era salir a ver disfraces sino a gente disfrazada.

Llegué al centro comercial, lugar que consideré era el más indicado para mi objetivo teniendo en cuenta la tradición capitalina de congregarse en estos lugares. Efectivamente no me equivoque, estaba a reventar, parecía sábado. Padres y niños en un solo río de gente entrando a las tiendas a pedir dulces. Me senté donde pude a descansar un rato y al ver a la gente pasar comencé a ver a la gente disfrazada. Los niños de casi todas las edades iban desfilando escoltados por algún adulto responsable, fue interesante percibir que algunos niños no estaban disfrazados, estaban personificando aquello que vestían; superhéroes, villanos y personajes de diferentes fantasías, no iban disfrazados eran: superman, batman, la princesa, el ninja, el león... pero otros no, otros niños si estaban disfrazados, de alguna forma se les veía diferentes, disfrazados, con un atuendo superpuesto, bastante curioso que la mayoría de estos niños estaban acompañados de un adulto sin disfrazarse, a diferencia de los niños que personificaban su atuendo a quienes el adulto en cuestión iba disfrazado en su mayoría. No tengo muy clara la relación ahora que escribo pero allí sentía que los niños que reflejaban esa superposición del atuendo eran más un objeto de proyección de sus padres que una muestra simbólica de un otro yo que quisieran ser.

Los adultos por su parte mostraban otra historia, la claridad de lo que se habían disfrazado era notable, la seguridad de su atuendo e incluso detalles interesantes en quienes no estaban disfrazados. Algunos iban perfectamente vestidos para hacer alusión al representante de su disfraz, si hay que ponerse hombreras y peto de espuma con los abdominales marcados para parecerse a batman o a superman pues se las ponían, si hay que tinturarse el cabello de blanco para parecer un hada pues se lo tinturan, si hay que cortarse la circulación con un enterizo de latex para parecerse a gatubela pues se le hace... muy pocos niños mostraban algo así. De lado de los que no iban disfrazados aparecieron algunos detalles interesantes, hombres con las uñas pintadas, mujeres muy bien vestidas en chancletas o tenis, caras de terror al ver adultos disfrazados, y
muchos padres ejecutando su labor de supervisión a distancia invirtiendo dinero en el disfraz del niño pero sin involucrarse en su juego. Padres, si van a disfrazar a la peladita de princesa disfracese usted de carroza, o de rey, si van a disfrazar al muchachito de superhéroe disfracese usted de su compañero o de su archienemigo, fue muy triste ver tanto niño con ganas de fantasear y los padres tomando distancia, este tipo de eventos culturales sirven mucho para ver los tipos de relaciones que tejen los padres con los hijos eso me quedo claro.

Salí del centro comercial y me dio por pasearme por los alrededores -en la medida que me fue posible claro- aparecieron entonces en escena los "adultos" jóvenes, de entre 20 y 35 años más o menos y con ganas de farra de hallowen. Bastante interesante esta manada en lo que a los disfraces refiere, muy chévere ver a los novios disfrazados: él de elfo ella de elfa, ella de zombi él de zombi, él de lobo ella de caperucita roja; parecía que estuviesen contando el cuento o recreando la fabula de la que sacaron la idea del disfraz, había una sincronía. Por otra parte estaban también los novios que en uso de sus facultades para expresar su libertad independencia y autonomía optaban por disfraces diferentes, muy chévere ver a Darth Vader acompañando a la mujer maravilla, a Legolas de la mano de Minnie Mouse o a un orco besuqueándose a Lara Croft por mencionar algunas de las parejas que vi. En este grupo metí a l@s que se disfrazaban para impresionar y bueno bien sabemos que no hace falta una armadura de verdad de Iron man para ser iron man en hallowen, así como no hace falta haber pasado por la facultad de enfermería para verse como una enfermera de película -porno-, los que se disfrazaban para impresionar mostraron características interesantes, mientras que los hombres apelaban a una simbología a una iconografía, las mujeres apelaban al resalte y/o suplantación de características femeninas.

En general para no extenderme más vi esa faceta del yo tan deliciosa del transformar para revelar, la del cubrir para mostrar, la del tomar las referencias del otro para mostrarme. Esto en el hallowen dejaba un aire a mi parecer bastante sincero de las personas disfrazadas, la expresión de los rostros detrás del maquillaje y las mascaras me parecía más honesta, lamentablemente ahora que regreso de la calle eso se desvaneció.

martes, 10 de septiembre de 2013

Y si me equivoco...?

Nadie quiere saber demasiado de su propio "destino", inocente o poéticamente se dice que eso le quitaría gracia o sentido a vivir, pero bueno a quien le gustaría saber ¿cuándo va a morir?, o ¿de qué va a morir?, o ¿cómo va a morir? el único destino sobre el cual todo hombre tiene certeza es que su vida tarde o temprano terminará, es tal vez la única certeza que tenemos en la vida.

Ahora, si recaemos sobre el sentido del "destino" encontramos una característica muy humana y más bien poco divina, la de la evitación. El "destino" evita la responsabilidad de decidir, el sujeto como tal carece de libertad de expresión de su voluntad, cualquier referencia a un destino como directriz de lo que ocurre por acción u omisión en la vida de una persona le suprime como ser autoresponsable.

Muchas personas se niegan a dejar de ser ese infante que vive en una ilusión perpetua de lo que puede llegar
a ser, se sumergen en el mundo de los superheroes o las princesas (o la lucha libre o novelas) en donde están protegidos por el guión que comanda aquello que ha de pasar. El superheroe no enferma y de hacerlo la cura es parte de una lección que aumentará sus poderes, y las princesas han de besar sapos no para encontrar a su príncipe azul sino para encontrar en ellas la humildad para agachar la cabeza y gracias a ese acto de sumisión liberar al dueño de sus sueños. 

Aquí comienza la parte bonita del asunto, cuando uno escucha con cuidado a las personas que de una o u otra forma creen que algo como el "destino" existe no sólo se encuentra un miedo latente a vivir y a hacerse responsable de las decisiones y consecuencias que estas acarrean, se encuentra también un miedo profundo y creativamente disfrazado a ese mismo destino como un -miedo a saber-; veamos, en el discurso de todo creyente del destino se encuentra una premisa, hay cosas que no entendemos, que no sabemos cómo funcionan, que escapan a nuestra comprensión; pues bien este pilar del destino en nuestra época es irrisorio, el no saber en la sociedad del conocimiento solo hace referencia al tiempo que nos tomará saberlo. Desciframos el mapa del genoma humano, podemos decirnos de qué vamos a morirnos, podemos anticipar las enfermedades de nuestros hijos, casi podemos escoger su color de ojos, los hombres pasamos a ser dispensables para la superviviencia de la especie, el sexo será en un futuro una opción para la reproducción (las consecuencias de ésto serán definitivamente interesantes), las especies serán manifiestamente mejorables y el trabajo que hasta el momento habían hecho las mutaciones adaptativas o Dios -escoja el que más le guste- ahora nos competerán a nosotros, se nos han entregado las herramientas.

Si biológicamente hemos avanzado considerablemente, psicosocialmente no nos hemos quedado atrás. El mito de que a las mujeres hay que quererlas y no entenderlas se desvanece poco a poco cuando nos acercamos a ellas desde una perspectiva antropo-socio-neuro-psicológica, si bien debemos reconocer que "las mujeres" son mmmmm complejas, por otra parte, "la mujer" no es nada diferente a un puzzle. Los avances en la investigación sobre toma de decisiones nos dicen que como sujetos somos más simples y básicos de lo que nuestro ego nos hace creer, seguimos comandados por nuestro cerebro reptileano y nuestra corteza cerebral se encarga de elaborar las justificaciones necesarias para que no colapse la burbuja en la que habitamos. Sabemos que el lazo que nos une como especie es un constructo que hemos elaborado para protegernos a nosotros mismos de nosotros mismos, y la ilusión del comportamiento de grupo es creada por el error de pensar que la lógica del comportamiento es una secuencia, cuando en realidad es organización. 


Apenas estamos comenzando con una redefinición de nuestra cosmovisión y si bien todo lo que conocemos
se hace más complejo, al mismo tiempo se hace elegantemente simple. Nos creímos en el asiento trasero de nuestra identidad cósmica-biológica-social-psicológica y resulta que estamos al volante.